Celibato, sexualidad y salud mental

Preguntas y respuestas desde la ciencia y la experiencia médico psicológica. El celibato es un asombroso estilo de vida que continúa atrayendo a personas sanas y capaces de amar. La plena comprensión requiere fe, pero es posible entenderlo y admirarlo con la luz de la inteligencia y los datos de la ciencia moderna. Madurez psicológica y espiritual, Wenceslao Vial

10 preguntas: dimensión sexual y celibato cristiano 

Preguntas y respuestas desde la ciencia y la experiencia médico psicológica. El celibato es un asombroso estilo de vida que continúa atrayendo a personas sanas y capaces de amar. La plena comprensión requiere fe, pero es posible entenderlo y admirarlo con la luz de la inteligencia y los datos de la ciencia moderna.


Celibato y salud mental

¿Afecta psicológicamente a los sacerdotes y religiosos el hecho de ser célibes?

El celibato, como el matrimonio, es una elección de tal envergadura que necesariamente afecta. Sella un modo de ser y de comportarse: el de una persona comprometida, que no está disponible para otros pretendientes. Las emociones, los sentimientos, las pasiones y todos los procesos psicológicos, como la imaginación, la memoria, los recuerdos y deseos participarán de esa experiencia. El uso de la sexualidad es una necesidad básica, con efectos psicológicos positivos. Cabría pensar que no ejercitarla es perjudicial. La experiencia de muchas personas demuestra que no es así. Lo peligroso es vivir sin querer ni ser queridos. El celibato es compatible con la armonía del mundo psíquico, en el que lógicamente influye.

¿De qué forma les influye el celibato en una persona?

La influencia es positiva o negativa. El celibato cristiano supone la renuncia al amor humano de tipo exclusivo en el matrimonio. Lleva consigo prescindir de la actividad sexual y del placer asociado, sin dejar de ser plenamente mujeres o varones. Esta circunstancia pone delante nuevos desafíos. El primero de ellos es ser consciente de los motivos por los que se asume. Desde lo profundo de la mente surge una pregunta que no se puede silenciar: ¿por qué sigues este camino? De una respuesta verdadera y coherente depende que la influencia sea positiva. Para responder bien hay que reconocer en el celibato un don de Dios y no algo impuesto. Una opción sana nace de la información adecuada y la intención recta. Así se superan posibles motivos narcisistas, que persiguen reafirmar el yo: el deseo de un estatus, de poder, de una vida más independiente, de autoestima por considerarse mejor o más sacrificado; o el anhelo de ser confirmado en el aprecio de los demás: “mi madre se quedará contenta”, “¡qué dirán los que me conocen!”. Estaría también mal encaminado quien asumiera el celibato solo como una carga: “lo acepto porque lo exige la Iglesia…, pero ¡ojalá no lo exigiera!”.

Una persona célibe está más disponible para ayudar a otros, ¿pero es el único significado?

El celibato permite una mayor disponibilidad para servir a Dios y a mucha gente. Es un signo que eleva la mirada hacia la vida eterna y al cielo, donde “ni ellas ni ellos se casan” (Lc 20, 35). Pero no es cuestión de tener más tiempo por estar libre de obligaciones familiares, o vivir en las nubes de un paraíso ilusorio. Supone principalmente recibir un don, que es para poner al servicio de los demás, e imitar a Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre, que eligió para sí esta condición. Los tres significados clásicos del celibato van siempre unidos: apostólico o de disponibilidad, testimonio de la fe o escatológico y, el más importante, o cristológico. De la vida de Jesucristo obtiene la luz cualquier estilo de vida humano.

¿Qué características psicológicas tienen que tener los seminaristas para saber que van a poder llevar una vida célibe sin que esto les afecte?

Un sacerdote le preguntó a una señora: “¿por qué se ha casado usted?” Y ella contestó: “para poder vestirme de novia”. La primera característica psicológica para elegir el matrimonio o el celibato es una consciencia clara y congruente de los motivos. Si lo que se busca es la apariencia o una máscara, es fácil que haya incoherencias en el modo de actuar, que terminan por destrozar la estabilidad psicológica. Los mecanismos chirrían, aunque se intenten defensas del yo, como la negación de lo que avergüenza, o la sublimación o redirección inconsciente de impulsos ocultos. Para vivir el celibato es preciso tener una sexualidad integrada. Esto significa que toda la persona, con su sustrato fisiológico, su dimensión psíquica y su esfera espiritual experimente la sexualidad de forma serena y ordenada consigo misma y con los demás. Que se respete el mundo afectivo y relacional, de acuerdo al propio sexo biológico. En otras palabras, la sexualidad integrada es la castidad. Con la fuerza de las buenas costumbres, adquiridas con tiempo y gracia de Dios, es posible vivir la sexualidad sin fugas egocéntricas como el autoerotismo o la pornografía.

¿Se necesita buena salud para vivir el celibato?

Los seminaristas y cualquiera que desee seguir este estilo de vida por amor a Dios, necesitan una buena salud psíquica y ser personas de carácter: capaces de imprimir un sello cristiano a lo que hacen. Que sepan defender su opción con orgullo y quieran vivir para los demás. Que sepan divertirse en modo sano y disfruten. Que no estén atados a la inmediatez de las emociones, del me gusta o me ha dejado de gustar. Su identidad, que por la fe busca ser la de Cristo, se ha de reflejar en cualquier circunstancia, también en las redes sociales. El mundo de internet favorece un exceso de estímulos internos y externos, que es preciso guiar. Leí en el estado de WhatsApp de un sacerdote: “Cerrado por manutención espiritual”. Psicológicamente es sano cerrarse de vez en cuando a los estímulos internos y externos que distraen, para conocerse y escuchar a Cristo. Así se le puede seguir con autonomía y esperanza, y alcanzar la autoestima del que se sabe querido por Dios.

¿Se puede establecer una relación entre los casos de abusos a menores y el celibato?

Los estudios científicos sobre abusos de menores muestran que la mayor causa es un instinto desordenado y sin control. Los más propensos a este tipo de crímenes no son los que renuncian al uso de la sexualidad, sino los que la ponen en práctica sin frenos. Existe la posibilidad de desplegar la sexualidad de un modo egocéntrico y sin reglas. El instinto sexual no elevado por la inteligencia y la virtud puede desbocarse ante todo tipo de estímulos, en solteros o casados. El problema por tanto no es el celibato, sino el celibato mal vivido: la falta de integración de la sexualidad o castidad. Los que piensan que la solución a los abusos es el matrimonio reducen esta noble realidad a un remedio para desviaciones perversas. Desconocen además que la mayor proporción de abusos es cometida por personas casadas. Permitir que los sacerdotes se casen no reduciría las transgresiones, como facilitar el adulterio no calmaría los dramas de amor matrimonial. Afrontar el mal en su raíz requiere una visión diversa de la sexualidad. Se necesita que todos, célibes y casados, aprendan a vivir su personal vocación, y que se enseñe con más hondura –también en los seminarios– la belleza de la sexualidad humana. Es significativo que la mayor frecuencia de abusos sexuales se dio a finales de los años 60 y comienzos de los 70, coincidiendo con la revolución sexual. Como secuela, tenemos ahora un tipo de abuso de menores extremadamente frecuente, a través de la pornografía.

¿Ayuda el celibato a ser mejor sacerdote o religioso?

Que el celibato ayude a ser mejores o no se relaciona con lo que leí en la entrada de un antiguo templo: “¿Qué vas a encontrar aquí? Depende de lo que hayas venido a buscar”. Si la elección del celibato nace del deseo de identificarse de un modo más pleno con Cristo, o si se lo considera una forma de amar capaz de llenar el corazón humano y de impulsar al servicio de los demás, entonces se encuentra el Amor con mayúscula. Y esto sí que hace mejor a cualquier persona. La vida con esta perspectiva enriquece y llena de sentido. Cabría optar por el celibato para no complicarse la existencia o para no arriesgar ante el imprevisible peligro de las emociones. Podría servir de fachada para encubrir el egoísmo de no querer darse a otros ni sacrificarse por ellos. A diferencia de un padre o una madre, que están en general obligados a trabajar para sostener a los suyos, alguien podría optar por el celibato para encerrarse en la aparente libertad de no hacer nada, y vivir cómodamente… Solo será positivo el celibato de quien sea capaz de apreciar el amor humano y el valor de la familia; y de quien no lo aproveche para su comodidad, sino para servir. El corazón que se decide por Dios y se mantiene enamorado influye positivamente en todo, como motor y luz de la inteligencia y la voluntad. Cuando, en cambio, deja de querer, se enfría y se empaña por dentro. Una persona célibe dirige con gusto a Dios esos versos de amor humano: “Tres cosas te ofrezco (…), alma para conquistarte, corazón para quererte y vida para vivirla junto a ti”.

¿Es la castidad algo anticuado o destructor?

La castidad, como otras virtudes, es una fuerza que ayuda a obrar bien, organizando los impulsos instintivos hacia una sana autorrealización. No es, y nunca la Iglesia la ha entendido así, la abstención del placer sexual. En este caso, se refiere al impulso de la sexualidad. Con la castidad se advierte mejor la diferencia entre un ser irracional, que simplemente se deja llevar por el deseo, sin tener un plan o proyecto en común con otro, y el ser humano, que es capaz de regularse porque en los demás no solo ve objetos, sino personas con igual dignidad. El sexo sin control conduce fácilmente a problemas psicológicos serios, como la adicción. Es también un factor estimulador de crímenes, como la pornografía –un robo de identidad que no cabe restituir–, el tráfico de seres humanos tenidos como esclavos y el abuso de menores y adultos vulnerables. Afecta negativamente a la familia y a la sociedad en general, alternado la economía con gastos millonarios en lo que Viktor Frankl llamó “la danza en torno al cerdo de oro”.

¿La obligación del celibato reduce el número de vocaciones sacerdotales en la Iglesia?

Las vocaciones vienen cuando se reza y se educa en el amor verdadero, con el ejemplo personal. El deseo de darse a Dios imitando a Jesucristo que, perfecto Dios y perfecto hombre, eligió para sí el celibato, sigue estando muy presente. No conozco quienes critiquen el celibato ene como motivación el número de vocaciones.

¿Es el celibato un “deber sexual” mítico e inalcanzable?

La vida de millones de personas hoy, de muchas religiones, y la vida de cientos de millones a lo largo de la historia demuestran que es posible vivir plenamente, con una autorrealización alegre y serena, la abstinencia de la actividad sexual. La premisa es comprender que el ser humano no es un animal más, que solo busca apagar sus necesidades básicas. La persona humana es capaz de guiar sus impulsos por un sentido y los valores.

Wenceslao Vial

Ver: El sacerdote, psicología de una vocación

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