Vacuna Covid, Vacunas Vaticano


Vacunarse contra el Covid-19 es bueno o malo



Autor: Pablo Requena Meana


Alrededor del uso de vacunas para la prevención del Covid-19 se ha originado un fuerte debate. 

Un debate pequeño, y en ocasiones poco ponderado, sobre la moralidad de su uso de vacunas en aquellos casos en que para su producción se hayan empleado líneas celulares que proceden de fetos abortados. 

Las redes sociales no han ayudado a reflexionar adecuadamente sobre este debate, sino más bien a provocar revuelo y confusión en mucha gente que quizá no tiene una sólida formación moral. En ocasiones se leen condenas severas de todo uso de este tipo de vacunas y se presenta, al que intenta matizar las cosas, como relativista o proporcionalista. Aunque este tipo de condenas se podría entender por la cierta relación con el aborto provocado, que es un pecado gravísimo, y que el CVII no dudó en calificar de “crimen abominable”, en la mayoría de los casos refleja falta de profundidad en su análisis ético.


En algunas vacunas contra el Covid-19 se han utilizado líneas celulares de abortos

En el ámbito de la Teología Moral hay cuestiones fáciles de resolver, otras más complicadas, y algunas para las que no existe una buena o una única solución. Nadie tiene duda alguna en considerar grave el adulterio, y al mismo tiempo, pocos pensarán que es inmoral ser dueño de un hotel en el que muy probablemente tendrán lugar no pocos adulterios. En cambio, hay cuestiones morales muy complejas, como aquellas relacionadas con algunas limitaciones terapéuticas, o con la conveniencia de invertir en fondos que cubren, entre otras muchas actividades, algunas pocas que son ilícitas. La valoración moral del posible empleo de vacunas en cuya producción se han utilizado líneas celulares de origen fetal (de abortos provocados) pertenece al grupo de cuestiones complejas, que hay que abordar con seriedad y prudencia.

Para valorar moralmente una acción es necesario conocer su contenido u objeto moral: ¿qué se hace? También es importante conocer para qué se hace (fin de la acción), y las circunstancias y consecuencias que esa acción pueda tener. Pienso que en este caso el problema moral que podría darse está a nivel de las consecuencias, por el escándalo que el uso de esas vacunas podría producir en la sociedad, al dar la impresión –que en realidad no es una consecuencia lógica-, que el uso de las vacunas podría fomentar la realización de más abortos o la destrucción de nuevos embriones para la investigación científica.

Las posibles acciones relacionadas con el uso de las vacunas son, entre otras, la investigación en laboratorio, su producción industrial, la compra masiva por parte de gobiernos y el uso particular que pueda hacer una persona común. En este pequeño elenco se puede comprobar ya la complejidad de la cuestión, pues en algunos casos se trata de decisiones personales, pero en muchos otros son decisiones corporativas o estatales, que deben regirse no por una ética personal, sino por una ética política (sobre esto se vea el artículo A. Rodríguez Luño, Ética personal y ética política2013). La descripción moral de estas diferentes acciones y su valoración serán muy distinta.

Conocer el objeto moral

Antes se ha mencionado que las posibles cuestiones morales que presenta el uso de estas vacunas están en relación a las consecuencias. ¿Significa esto que el objeto moral es bueno (o indiferente)? Dejamos de lado el análisis del fin de la acción, pues no parece presentar problemas morales ya que se trata de inmunizar a una persona o una sociedad contra una enfermedad que puede ser grave, y en no pocos casos, mortal.

Volviendo a la cuestión del objeto moral, lo primero que hay que conocer con cierta profundidad es lo que realmente se hace. Si nos ponemos en la posición del investigador, en la que más nos detendremos por ser la situación que aparece más problemática, vemos que trabaja con un virus, en este caso con el coronavirus SARS-Cov-2, para conseguir a través su manipulación una forma de “virus inactivado” o una parte de su estructura molecular que sea capaz de provocar en el que recibe la vacuna, una reacción inmunitaria que sintetice los anticuerpos necesarios para que, en caso de infección por el virus real, pueda ser fácilmente vencido por el propio sistema inmunitario y no cause la enfermedad. Para realizar este trabajo en el laboratorio se utilizan las llamadas “líneas celulares” donde el virus se puede reproducir fácilmente.

Desde hace algunos decenios es habitual en la investigación usar las líneas que se denominan “inmortales” porque son agrupaciones celulares que se han conseguido estabilizar de un modo que, al multiplicarse, conservan siempre sus mismas características morfológicas y funcionales. Gracias a esta característica son muy útiles para comparar la distinta reacción que producen en ellas diversos fármacos o agentes patógenos. Entre estas líneas celulares algunas proceden de tejido fetal, que es particularmente beneficioso por su gran capacidad de multiplicación. Hay concretamente dos líneas celulares de origen fetal que se están utilizando en seis de las más de 100 líneas de investigación que buscan una vacuna eficaz contra el COVID-19: la HEK-293 (procedente de tejido renal de un feto abortado en 1972) y la PER-C6 (de la retina de un feto abortado en 1985). Las células de estas líneas no son las células fetales, sino células que proceden de la manipulación de aquellas y que se han multiplicado miles de veces.

Teniendo en cuenta lo anterior es fácil entender que las vacunas no se producen “a partir de fetos abortados”, como si hiciera falta realizar abortos para producirlas. Aquellos abortos de 1972 y 1985 se realizaron por la voluntad de las mujeres de acabar con sus embarazos. Dichos abortos se hubieran realizado aunque no se hubiera usado el material fetal después. Pero este uso sí que condicionó el momento y la modalidad de los abortos, pues hubo una colaboración directa entre los que realizaron el aborto y los científicos que usaron el tejido fetal obtenido en ellos para crear las líneas celulares. En este primer momento puede hablarse de una verdadera cooperación al mal de tipo formal, y por tanto siempre inmoral. El problema se complica cuando nos preguntamos por el uso de las líneas celulares muchos años después.

Licitud del uso de material proveniente de acciones inmorales

Cabe preguntarse: ¿es ilícito en sí mismo utilizar material que procede de acciones gravemente inmorales que no se realizaron con la finalidad de ese uso? En principio la respuesta es negativa. La materia, las cosas, no quedan marcadas con una cierta “maldad moral”. Lo que es bueno o malo es la acción humana, y no la materia prima con la que se realiza una cierta acción. Las células que proceden de un embrión humano destruido o de un feto abortado no son “células malditas”. Lo que es malo es destruir embriones, realizar abortos, fomentar o colaborar de algún modo en esas acciones. Pero utilizar unas células, en sí, no es bueno ni malo. Esto se ve claramente cuando se aplica a otros casos semejantes.

Hace algunos años una estudiante universitaria romana, Marta Russo, murió por un disparo que por juego hicieron dos jóvenes profesores, y que desgraciadamente interceptó la cabeza de la chica. Sus padres decidieron donar los órganos para poder salvar la vida de varios enfermos. Nadie se planteó cuestión moral alguna sobre la licitud de tal donación, aunque los órganos procedieran de un homicidio. Distinto sería el caso del uso de órganos que proceden de la ejecución de prisioneros políticos, en un régimen en el que se condena a muerte a los opositores. En este último ejemplo, el uso de esos órganos podría facilitar el que se siga realizando la pena de muerte por motivos políticos, pues sería algo aceptado legalmente, y sobre lo que las opiniones a nivel social podrían ser diversas.

La posibilidad de utilizar tejido procedente de abortos apenas mencionada se mueve en la línea de la valoración que hizo la Instrucción Donum vitae en 1987. Sin embargo, como la industria farmacéutica no tiene muchos reparos morales en utilizar para la investigación, no sólo para la relacionada con las vacunas, tejidos y células procedente de fetos abortados voluntariamente o a partir de la destrucción de embriones humanos, el posterior documento vaticano sobre estas cuestiones, la Instrucción Dignitas personae (2008), redujo ulteriormente la posibilidad de utilizar lícitamente este tipo de material. En este documento se decía que no es suficiente el “criterio de independencia”, según el cual “sería éticamente lícita la utilización de “material biológico” de origen ilícito, a condición de que exista una separación clara entre los que producen, congelan y dan muerte a los embriones, y los investigadores que desarrollan la experimentación científica”.

La Dignitas personae cuando se plantea esta cuestión está pensando a nuestro contexto actual, en el que “el criterio de independencia no es suficiente para evitar una contradicción en la actitud de quienes dicen desaprobar las injusticias cometidas por otros, pero al mismo tiempo aceptan para su trabajo el “material biológico” que otros obtienen mediante tales injusticias”. Y la razón está en que “cuando el delito está respaldado por las leyes que regulan el sistema sanitario y científico, es necesario distanciarse de los aspectos inicuos de esos sistemas, a fin de no dar la impresión de una cierta tolerancia o aceptación tácita de acciones gravemente injustas. De lo contrario, se contribuiría a aumentar la indiferencia, o incluso la complacencia con que estas acciones se ven en algunos sectores médicos y políticos”. Como se ve el problema está, como decíamos antes, en el escándalo: en que la acción que yo realizo puede llevar a que otros actúen mal.

Con el uso de estas vacunas no se promueven nuevos abortos

Volviendo a las vacunas para el COVID-19 que se producen utilizando las líneas fetales antes mencionadas cabe preguntarse: ¿su uso promueve realmente la realización de nuevos abortos o la destrucción de embriones? La respuesta a esta pregunta no es fácil de contestar. Lo que sí es claro es que en el momento histórico en el que nos encontramos la vida prenatal se destruye continuamente, y se justifica también legalmente, en algunos lugares incluso como un derecho personal. Esto lleva a que el cristiano deba ser muy cuidadoso en su modo de actuar de forma que no dé la impresión de que ciertos atentados contra la vida humana no son tan graves. Es más, todo cristiano debe manifestar, de un modo u otro, su oposición a estas prácticas como parte de su misión en el mundo (cfr. Evangelium vitae, capítulo IV, Por una nueva cultura de la vida humana).

Por lo que se refiere a la cuestión concreta sobre la licitud de utilizar una vacuna que se produzca a partir de la investigación de alguno de esos seis grupos que emplean las líneas celulares de origen fetal, sirve la respuesta que daba hace ya más de 10 años la Dignitas personae n. 35: “Razones de particular gravedad podrían ser moralmente proporcionadas como para justificar el uso de ese “material biológico”. Así, por ejemplo, el peligro para la salud de los niños podría autorizar a sus padres a utilizar una vacuna elaborada con líneas celulares de origen ilícito”. En el contexto actual el peligro no es para los niños sino para los ancianos, pero el razonamiento de fondo sirve igualmente debido a la gravedad de la enfermedad. A continuación, este documento recuerda el deber manifestar a las autoridades pertinentes que haga lo posible por ofrecer vacunas alternativas, realizadas sin el empleo de esas líneas celulares. Esto último a nivel teórico puede parecer cosa fácil, pero en la práctica la elaboración de nuevas vacunas requiere mucho tiempo y muchos recursos económicos. Por eso, no es suficiente decir que existen teóricamente alternativas a una cierta vacuna, si esas alternativas no están disponibles o, incluso, si no existen todavía.


BIBLIOGRAFIA

Congregación para la Doctrina de la Fe (2008), Instrucción Dignitas personae, nn. 34-35

Pontificia Accademia per la Vita (31.07.2017), Nota circa l’uso dei vaccini

Carta de Mons. Sgreccia a Mrs Debra L.Vinnedge (Executive Director of Children of God for Life), June 9 2005.

Ángel Rodríguez Luño, Riflessioni etiche sui vaccini preparati a partire da cellule provenienti da feti umani abortiti, “Medicina e Morale” 54, 3 (2005)


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