Consejos para escuchar y comprender. Dedicar tiempo a los demás sin prejuicios y con afecto, en la amistad y el acompañamiento espiritual

Consejos para escuchar y comprender


Toda persona tiene un anhelo profundo de saberse comprendida, valorada y apreciada. En el trato con otra persona puede que lo que le digamos no le interese en absoluto. Sin embargo, es poco probable que le sea indiferente el sentirse comprendida.

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No hablamos solo de «comprender a otra persona» sino de que ésta «se sienta comprendida». En esto consiste la escucha empática: en escuchar para comprender y en dar muestras de que escuchamos y comprendemos. Escuchar bien es un don, como se ve en Momo.

La amistad y el acompañamiento espiritual requieren esa dimensión necesaria de la caridad que es la comprensión. A través de ésta, logramos ir descubriendo, progresivamente, que la comprensión que podemos proporcionarnos entre nosotros es sólo un ligero reflejo de la plena comprensión paterna y materna de Dios hacia sus hijos, los hombres.

De hecho, este deseo de ser querido y comprendido que llevamos impreso en el corazón es seguramente una muestra de nuestro deseo de Dios. Caminamos así hacia «un cielo nuevo y una tierra nueva», dónde el Señor enjugará toda lágrima y no habrá llanto, ni gritos ni fatigas (Cf. Apocalipsis 21, 1-4).





A continuación, damos 4 consejos para escuchar con una actitud verdaderamente empática y comprensiva, que alivia sin herir:


1. Ser conscientes de lo que no es la escucha empática.

En la escucha empática lo fundamental es la intervención de la otra persona, no la nuestra. Por eso, la escucha empática no es juzgar una situación, ni es aconsejar o resolver un problema, ni es pretender cambiar al interlocutor ni tampoco contar cosas propias. En la escucha empática el protagonista es la otra persona. 

Puede pasarnos que mientras escuchamos, estamos pensando en lo que vamos a decirle a continuación. Aunque no son incompatibles ambas tareas, cuando escuchamos, nuestro principal cometido consiste en concentrarnos para entender la totalidad del mensaje que estamos recibiendo con una actitud comprensiva.


2. Cuidar dos predisposiciones para la escucha empática:

  • a) Mirar con afecto a la otra persona es mirarla sin prejuicios, tratando de «echar el freno» a esa tendencia natural que tenemos a prejuzgar y etiquetar a los demás por quienes son o por lo que han hecho. Aunque las convicciones de la persona que escuchamos estén muy alejadas de las nuestras, podemos tratar de valorar que cada persona es única e irrepetible, descubrir lo bueno que hay en ella y renunciar al deseo de hacerla a nuestra imagen.
  • b) Estar interesado en escuchar a la otra persona se reflejará en que tenemos tiempo para esa persona, sin dar sensación de prisa por acabar; en que estamos concentrados en escucharla, sin distraernos; en que le dejamos hablar, sin interrumpir o cambiar de tema; en que recordamos lo que nos ha contado, etc. En definitiva, escuchamos con respeto y con interés porque nos interesa la persona con la que hablamos. Desde una óptica sobrenatural, podríamos decir que nos interesa esa persona porque la miramos con los ojos de Cristo, es decir, con una mirada de profundo afecto y cariño.

3. Dar muestras a la otra persona de que la escuchamos.

La escucha empática no es una técnica sino una actitud vital. Se escucha a quien se ama. Quizá no sentimos nada por la persona a la que estamos escuchando, incluso notamos cierto rechazo, pero podemos comprender que es una criatura amada por Dios y eso nos puede proporcionar la motivación necesaria para escucharla.

 Partiendo de esta premisa, hay herramientas que nos pueden ayudar para dar muestras a la otra persona que le estamos escuchando: hacer preguntas clarificadoras, pedir ejemplos de lo que nos está tratando de transmitir, parafrasear o repetir lo que nos dice (con las mismas palabras, con sinónimos o en forma de pregunta), recapitular o hacer un resumen de lo que nos ha dicho haciendo una pregunta para verificar («si lo he entendido bien, me dices que…, ¿Es así?»), hacer señalamientos o relacionar ciertos hechos con un determinado cambio en el estado físico o anímico de la persona, etc. 

Poniendo en práctica de modo oportuno y natural alguna de estas intervenciones podremos comprender mejor qué le está sucediendo a la otra persona y ayudarle a que ella misma deduzca y entienda mejor su situación o problemática.


4. Dar muestras a la otra persona de que la comprendemos.

En esta última fase se trata de escuchar las emociones de la otra persona. Con frecuencia, debajo de las palabras hay motivaciones, emociones, sentimientos, creencias o valores que, a veces, la persona no es capaz de expresar con precisión. Para empatizar es necesario hacer un uso adecuado de la imaginación y de la intuición para averiguar qué subyace a las palabras que estamos escuchando. 

Después, en caso de que sea oportuno, podremos hacer comentarios empáticos con los que mostramos a la otra persona que comprendemos lo que puede estar sintiendo. Por último, resaltar que la empatía no es identificación afectiva, es decir, no se trata de sentir lo mismo que la otra persona. 

En este sentido, y sobre todo en ámbitos como el acompañamiento espiritual o la psicoterapia, es necesario que la persona que escucha mantenga cierta distancia emocional para evitar que se generen dependencias afectivas que, a la larga, podrían ser perjudiciales para ambas personas.

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José María Martínez-Ortega


Algunas lecturas

Van der Hofstadt C.J. El libro de las habilidades de la comunicación, Madrid: Diaz de Santos, 2005.

Covey, S.R. Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva (capítulo "Primero comprender, después ser comprendido"), Barcelona: Paidós, 2009.

González, Sonia. Habilidades de comunicación y escucha, Nashville: Grupo Nelson, 2011.

Michael Ende, Momo: "Momo es una niña con un don muy especial: sólo con escuchar consigue que los que están tristes se sientan mejor, los que están enfadados solucionen sus problemas o que a los que están aburridos se les ocurran cosas divertidas".