Cuidar los primeros años de vida es comenzar bien, tan importante como en una partida de ajedrez, bucar el sentido del dolor, renacer desde el sufrimiento, heridas psicológicas, teoría del apego


Quien ha experimentado un dolor sin sentido sabe que duele más 


Cuidar los primeros años es comenzar bien, tan importante como en una partida de ajedrez.

Pero existe la posibilidad de recuperar, buscando el sentido del sufrimiento y ralentizando.

Boris Cyrulink es un neurólogo y psiquiatra francés, experto en la teoría del apego de John Bowlby. Nació el 26 de julio de 1937 en una familia hebrea. Ha desarrollado especialmente el concepto de resiliencia, como un renacer desde el sufrimiento.

Ofrecemos un resumen de las ideas de este vídeo entrevista con Boriz Cyrulinik: 




En qué consiste la resiliencia

La resiliencia se puede definir como: iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma. Lo complicado es ver en qué condiciones se puede conseguir. Y esas condiciones son la seguridad, la recuperación y la cultura.

Se puede distinguir entre resistencia y resiliencia.

¿Cómo ayudar a un niño a ser más resiliente?

Hay que transmitirle seguridad, primero a su madre. Ella tiene que sentirse segura. Luego, hay que conseguir un entorno seguro, estructurado por el padre y la madre: la familia entera. Un niño que encuentra seguridad en su entorno familiar más inmediato, al llegar al colegio tendrá placer por aprender. Sentirá miedo como todos, pero será capaz de superarlo. Si, en cambio, es más vulnerable porque tal vez su madre ha sido abandonada tendrá problemas.

La violencia conyugal y la precariedad social hacen sufrir al bebé, aunque nadie lo note.

Es preciso “segurizar” a los niños: crear un apego familiar, donde aprendan que el amor es fiebre es ardor… El apego se teje en el día a día, con todo lo cotidiano. Apego no es amor, pero el apego una vez creado da seguridad. Un niño que sabe cómo funcionar cómo hablar en casa, está tranquilo. El vínculo de apego se va tejiendo a diario especialmente con la madre.

Hay hogares en que el Padre y madre trabajan: ¿qué consejos se les podría dar a estas familias, para que exista un entorno e hijos seguros?

La palabra mágica es ralentizar: ir más lento, cantar, salir o hacer deporte con los hijos...

Vivimos en la cultura del sprint que sale carísimo.

En el norte de Europa los niños aprenden muchas cosas variadas, teatro, música, etc…, incluso a cocinar. En Helsinki, por ejemplo, los niños de una sala de clase cocinan e invitan a los de otras clases para compartir con ellos lo que han hecho. En la edad adulta, estos niños con más intereses, con menos prisas y presiones, alcanzan más fácilmente la excelencia académica y laboral. En los países del norte se han reducido los suicidios, que quizá eran más altos por la falta de sol, en un 40 %, cambiando la cultura.

La clave es enseñar a los niños y a los adultos a ralentizar y a divertirse.

Cuando se ralentiza a los niños, en vez de presionarles con exámenes y metas a superar como en algunos países de Asia, en que se llega incluso al maltrato escolar, surgen niños y adultos con buena autoestima. Cuando se otorga confianza los niños aprenden más.

¿Si no se adquiere la resiliencia en la infancia, cómo se podría aprender siendo adultos?

El aprendizaje está en marcha toda la vida, pero los primeros años son muy importantes, como sucede en una partida de ajedrez: la entrada o primeros movimientos son claves.

El consejo que daría a los adultos para que desarrollen la resiliencia es que no se queden solos; que ante el sufrimiento no se hagan un ovillo y aprieten los dientes, pues eso agrava la herida. El primer paso es hablar de lo que sucede, del sufrimiento interior: con la mujer, con la madre, con un amigo, con un sacerdote, etc. Y para eso hay que sentirnos primero seguros, y después hablar.

Ante un trauma grave en la vida adulta, como el divorcio, el despido del trabajo o cualquier circunstancia difícil, la herida puede ser mayor y más difícil de encauzar, si alguien ha sido vulnerabilizado en la infancia.

Una persona que ha sufrido heridas en la infancia es más vulnerable y cualquier suceso la puede dañar profundamente.

El cerebro con trauma se “apaga”, no es capaz de buscar alternativas ni ser creativo. 

Sin trauma, en cambio, aunque haya adversidad, el cerebro funciona.

El cerebro contento está activo.

Existen personas que han sido vulnerabilizadas en su infancia temprana.

El trauma se sufre y deja dolidos y tristes. Luego viene la representación del trauma. Pero en ese momento, si podemos verlo con confianza y seguridad por no haber sido vulnerabilizados, lo superamos. Si no, quedamos rumiando y nos dirigimos hacia la depresión.

Se necesita un apoyo afectivo, que no tiene por qué ser el de un psicólogo. No debemos quedarnos solos.

Entrevistadora: Su historia personal es una inspiración para nosotros en el tema de la resiliencia. Puede compartir con nosotros esa historia y cómo ha influido en su carrera.

Cuenta Cyrulnik cómo sobrevivió de niño a la persecución nazi, en que quedó huérfano. Se salvó en una ambulancia, en que iba una mujer moribunda, gracias a una enfermera. Pudo superar un fuerte sufrimiento. Dice: ahora esa historia la contamos sonriendo, y esa es la clave.

El factor genético juega, dice, un papel pequeño en las heridas y su desenlace en la vida adulta. Lo que más marca es la condición humana, la cultura.

Hay ya una comunicación intensa entre la madre y el bebé aún en el vientre.

Sobre los traumas en niños. Anna Freud, hija de Sigmund Freud, acogió a niños huérfanos después de la segunda guerra mundial. Esos niños tenían un mayor retraso. La emoción les impedía incluso hablar y no segregaban hormonas de crecimiento ni hormonas sexuales en cantidades adecuadas.

En un niño traumatizado se encuentra atrofia prefrontal en el cerebro. Si se les deja solos, todo lo ven como agresión y lo interpretan así. Fueron privados de amor y apego.

Las mujeres embarazadas necesitan una seguridad afectiva. Si se les da esta ayuda, habrá más niños resilientes.

La vida es apasionante y difícil.

Se busca suprimir las tragedias de la vida humana, representándolas en arte, en películas, fuera de uno mismo. Estas representaciones son una forma de pedirle al artista que sea el portador del propio sufrimiento.

La negación del dolor o la herida es protectora pues permite no afrontar problema, pero por eso mismo es peligrosa.

Los artistas, como los cineastas, pintores, escritores, etc., que representan la tragedia, dicen lo que yo –una persona con heridas – no tengo fuerza para decir. Pero si me cayo, le doy fuerza y lo refuerzo. Con el arte se representa la tragedia de modo externo. El arte es importante para el proceso de resiliencia, y los niños se benefician de la función artística.

El niño puede, por ejemplo, hace un dibujo para sus padres que no están… Las carencias ayudan a ser creativos. Y la carencia, para ser superada, necesita de la creatividad.

Los niños demasiado protegidos son menos creativos. El padre y la madre tienen que estar presentes y ayudarle, sin sobreprotegerles.

Altruismo y resiliencia. 

Quien vive una tragedia está a la defensiva. Cuando “vuelve a la vida” quiere ayudar a otros porque saben lo que es el dolor. Muchos que escogen ser psicólogos o psiquiatras han tenido este problema. Cuando estuve en el Congo muchos niños soldados me decían que querían ser periodistas para contar las tragedias que estaban viviendo; o médicos, para proteger a otros niños del dolor.

Es necesario que el niño pueda decir lo que piensa. 50 % enfermeros y 50 de médicos tenían depresión por agotamiento profesional. Si eres psicólogo haz algo más para preservarte tú mismo, les digo yo… Si te despersonalizas no serás útiles

Altruismo está relacionado con la Empatía: es capacidad de descentralizarse para representar el mundo de otros. Niños aislados y traumados no lo consiguen, no tiene empatía. Si no hay alteridad uno mismo es la única alteridad. Si creamos un entorno seguro para el niño, aprenderá a descubrir al otro e iniciará un proceso de altruismo. Es un camino sistémico: como sé superar el dolor voy a a ayudar a otros a saber cómo hacerlo.

Desarrollar la empatía es el placer mental de descubrir los sentimientos de los demás.

Buscar la empatía es algo apasionante y agotador.

Se sabe que tocar instrumentos musicales estimula el lóbulo temporal externo: y esto ayuda a hablar antes y mejor a los niños. Los que hacen música pueden socializar mejor.

El deporte, la pintura, el cine, el teatro, también ayudan…

Los cuentos enseñan a los niños a expresarse. Podemos trabajar las moralejas con cuentos infantiles. Les invitamos a ser pequeños filósofos.

Arte música y deporte y teatro forman parte de la condición educativa. Ayudan a convivir mejor.

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional: es una frase magnifica. Todo mamífero siente dolor igual, pero no todos sufren igual. La infancia segura ayuda a sufrir mucho menos.

Quien ha experimentado un dolor sin sentido sabe que duele más. Necesitamos tener sueños y recuerdos para dar una dirección a la vida. Si no hay resiliencia y se producen un trauma infantil el golpe hace sufrir más.

Podemos trasformar el sufrimiento en obra de arte. Hay, por ejemplo, niños privados de afecto que se refugian en el cine y el arte: transforman la herida en arte. La mayoría de las obras de arte son una confesión emocional.

Mujeres embarazadas que sufren: ¿pueden afectar al niño no nacido?

Esto es objeto de unos estudios israelíes: mujeres con atentados y estrés post traumático. Los niños que nacieron tenían ya un malfuncionamiento cerebral. Las mujeres y los bebés fueron arropadas, e iniciaron el proceso de resiliencia.

El estrés forma parte de la vida y no debemos privar a los niños de una cierta cantidad. Pero si mantenido y en exceso, aumentan muchas sustancias químicas como el cortisol y las catecolaminas, que alteran el cerebro. Las sustancias del estrés se transforman en tóxicas. Se producen cambios o lesiones incluso en los cromosomas.

Es preciso ralentizar, para transformar el ambiente.