Cuidar al niño interior que llevamos dentro, descubrir la espiritualidad y la trascendencia para mejorar la salud mental, ejemplos de vida, Boris Cyrulnik



Cuidar al niño interior que llevamos dentro


Cristián Pizarro Gatica, Psiquiatra Infanto-Juvenil - Terapeuta familiar y de parejas.


¿Hay alguien que nos enseñe a superar el dolor?

¿Es el hombre capaz de trascender el sufrimiento?


Algunas preguntas que surgen al pensar en heridas y salud mental.

Parece que las respuestas son afirmativas y esto lo confirman textos de importantes autores del campo de la psiquiatría y psicología, como Boris Cyrulnik (“El murmullo de los fantasmas”, 2003) y Edith Eger (“La bailarina de Auschwitz”, 2014). Ambos sobrevivientes del régimen nazi y del holocausto en Europa.

En la vida cotidiana parece que la trascendencia fuera algo muy difícil de llevar a cabo, ya que muchas personas se mantienen en el mundo con una actitud crónica de sufrimiento, dolor, desesperanza y victimización.

¿Y cuál es la diferencia entre estos autores y las personas comunes y corrientes?

Si uno lee sus libros autobiográficos, lo que destaca en ellos es el desarrollo de una férrea voluntad, perseverancia y búsqueda de un sentido de vida. Algo de dolor los sigue acompañando en lo cotidiano, como a cualquier persona, pero aquello no nubla su alegría de vivir. A pesar de lo doloroso de sus historias personales, ellos recibieron un regalo significativo en sus vidas que consintió en cómo enfrentar las dificultades. También, nos dejan el hermoso legado de saber que cualquier persona común puede aprender a desarrollar esta actitud en su propia vida.


Reconocer al niño interior herido que llevamos dentro es una prioridad.

Sanar las heridas psicológicas es una tarea en la que necesitamos ayuda de otras personas.

Llevar a cabo este desafío en soledad es posible, pero sin duda es una tarea difícil. Y simplemente porque a los seres humanos la ignorancia y la comodidad nos impiden cambiar nuestros hábitos mentales y de vida. Aun más, debemos enfrentarnos al miedo de lo desconocido de una nueva vida mejor, lo que representa una tremenda paradoja.

Por lo tanto, sin duda que es más fácil hacer este camino en compañía de personas que ya lo conocen y que pueden ayudarnos y orientarnos en el modo de cómo transitarlo.

Es interesante constatar que los que conocen el camino se prepararon mucho antes para comprender como funciona la mente de otras personas y de sí mismos. Pero lo que verdad contribuyó a que superaran el sufrimiento fue aprender a desarrollar la capacidad de amar a los otros y de forma especial a sí mismos para poder sanarse.


Los otros fueron el hermano y el espejo que les permitió mirarse y dejar atrás las heridas del pasado.

Es decir, estas grandes personas citadas lo que hicieron fue aprender a amar desde el corazón para así ayudar verdaderamente al prójimo. A los que conocimos sus historias podemos decir que nos inspiran en el diario vivir.

 En mi caso personal, iluminan de forma permanente mi quehacer en el hospital y en la consulta en la atención de niños, jóvenes y padres que llegan pidiendo ayuda.

En el trabajo terapéutico con ellos y en el proceso de sanación me inspira una nueva memoria cerebral, a la que llamaré la “memoria del amor” y a la cual podemos recurrir cada vez que sintamos algún dolor.

¡Cuántas veces he visto los buenos resultados en el despertar y transitar de mis jóvenes pacientes y sus padres!