Carnet de identidad del cristiano según bienaventuranzas, ser cristiano es vivir las bienaventuranzas, bienaventuranzas y madurez cristiana, cruz y alegría, seguir a Cristo, identidad cristiana, recuerdo del bautismo, recuerdo de primera comunión, material catequesis



Las bienaventuranzas como identidad del cristiano


Este carnet se puede descargar y rellenar con nombre, fecha y lugar de bautismo, como un medio más para recordar quienes estamos llamado a ser.

Descargar y rellenar PDF


Cada bienaventuranza se traduce en actitudes

Todas destacan en la vida de Jesús y los cristianos buscan hacerlas propias. Saben que solos no pueden nada, pero cuentan con una ayuda eficaz que es la gracia de Dios.

Las bienaventuranzas aparecen grabadas en la cruz de Cristo, que dijo: “si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga” (Mt 16, 24). Son un panorama de crecimiento y madurez, con una característica psicológica y espiritual esencial: salir de uno mismo.


Las bienaventuranzas integran el ADN o material genético de un hijo de Dios. 

Llenan el mundo de sentido de la vida, alegría, consuelo y paz. Las encontramos narradas por san Mateo y san Lucas.



Las bienaventuranzas de Jesús, según san Mateo. Comprender las bienaventuranzas para madurar como cristianos






¿Por qué las bienaventuranzas causan escándalo?

Algunos no las han entendido. Fueron el principal blanco de las críticas de Nietzsche, que las consideraba abominables: “¿Cuál ha sido hasta hoy el mayor pecado sobre la tierra?”, se preguntaba: “¿No han sido quizás las palabras de quien dijo: Ay de los que ríen?”

Profundizar en las bienaventuranzas, como notas de la identidad cristiana, evita la triste conclusión de pensar que “Dios ha muerto”. Siempre es útil hacer un examen o auto-test sobre ellas, como vimos en otro artículo.


De cada bienaventuranza se desprenden actitudes.

Nacen de la humildad, del humus o barro de nuestra condición, y crecen como un árbol: el árbol de la cruz. Veámoslo desde su base a lo más alto:

1. Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos.

Ser pobre es conservar un espíritu sin ataduras, para levantarse sobre la tierra y volar. Las riquezas buscadas en sí mismas son cargas y pesos que dificultan salir de uno mismo y estar pendientes de los demás.

2. Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados.

Tomar el madero de la cruz hace compasivos: capaces de comprender y compartir los sentimientos de otros, llorar con los que lloran, alegrarse con la verdad.

3. Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra.

Ser mansos con todos y dóciles a la voluntad de Dios. Evitar ser altaneros o belicosos, transformar el humus de nuestra condición en humildad. 

4. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados.

Justos, leemos en uno de los brazos de la cruz: es la actitud de dar a cada uno lo suyo, de servir a manos llenas, de juzgar a las personas y a las cosas con la luz del cielo.

5. Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia.

En el centro de la cruz late un corazón misericorde: es Cristo quien limpia nuestro corazón y saca de él la miseria. Con sus dos brazos acoge a la humanidad entera y nos pide que hagamos lo mismo. Y ese corazón suyo se alegra si obramos bien y sufre si nos hacemos daño por el pecado.

6. Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios.

El segundo brazo de la cruz nos recuerda la pureza: un corazón limpio que sabe amar, imprescindible para ver a Dios y descubrirlo en los demás.

7. Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios.

Desde la parte alta de la cruz, se nos invita a ser pacíficos: no quitar la paz a nadie y sembrarla a nuestro alrededor, a lo ancho y largo del mundo.

8. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos.

Junto a la corona de la cruz leemos: modelo. Jesús nazareno, Rey de los judíos (INRI), es el modelo de cada cristiano, cabeza de la iglesia. Nos anima a dar testimonio de la verdad para ser felices, sin ser nosotros las estrellas. Con él podemos ser buenos testimonios de su mensaje, a pesar de nuestras limitaciones.


El carnet de las bienaventuranzas se guarda en el corazón.

Coincidí hace un tiempo con un cristiano copto. En una conversación tocamos el tema de los tatuajes, y él mostró el suyo: una cruz pequeña tatuada en el cuello. Al preguntarle por qué la llevaba, contó que si alguna vez le forzaban a renegar de su fe para salvarse, ahí estaba la cruz, para darle fuerza y servir de prueba. No hablaba en forma poética. En su país muchos mueren por ser cristianos, y muchos llevan tatuada una cruz...

La identidad cristiana no es vistosa, pero desde el fondo del corazón ilumina todo el ser y el actuar de la persona. La ayuda a madurar y la hace capaz de llevar una vida muy superior a sus fuerzas: la vida sobrenatural.

---------------------------------------------------------


Las bienaventuranzas en el relato de Mateo 5, 1-12:

Mt 5, 1-12: Al ver Jesús a las multitudes, subió al monte; se sentó y se le acercaron sus discípulos; y abriendo su boca les enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios. Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos. Bienaventurados cuando os injurien, os persigan y, mintiendo, digan contra vosotros todo tipo de maldad por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo: de la misma manera persiguieron a los profetas de antes de vosotros.


Las bienaventuranzas en el relato de Lucas 6, 20-26:

“Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, comenzó a decir: — Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como maldito, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos en aquel día y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo; pues de este modo se comportaban sus padres con los profetas. Pero ¡ay de vosotros los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros los que ahora estáis hartos, porque tendréis hambre! ¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque gemiréis y lloraréis! ¡Ay cuando los hombres hablen bien de vosotros, pues de este modo se comportaban sus padres con los falsos profetas! 



Carnet de identidad cristiano con bienaventuranzas en imagen animada: