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Tenet y el deseo de Dios


La Película Tenet, de Christopher Nolan, interpretada en su dimensión psico-espiritual muestra una aspiración humana. No contaremos los detalles de la historia, que a cada uno toca descubrir.


Esbozo de la trama y fundamentos científicos de Tenet

La acción de Tenet gira en torno a una amenaza inquietante para la humanidad, que traspasa el tiempo. Oscila entre el pasado, el presente y el futuro, con el deseo ilusorio de cambiar lo que ya ha sucedido.

Cabe entrar en la película recordando los 3 principios de la termodinámica. Quizá nos supere un poco pensar en esa materia que no se crea ni se destruye, sino que solo se transforma (primer principio). No captamos fácilmente que todo se mueve hacia un mayor desorden o entropía, sin que sea posible revertirla, que el universo entero viaja hacia su fin (segundo principio). Tampoco es sencillo comprender que la entropía de un sistema se aproxima a un valor constante, o que no se puede alcanzar el “cero absoluto” en un proceso con un número finito de etapas (tercer principio).

El segundo de esos principios es el más importante para entender la película. A esa ley se unen enunciados de la física cuántica, que pueden quedar aún más lejos de nuestra comprensión intuitiva. La física moderna nos habla de materia y de antimateria, de electrones de carga negativa que al toparse con su espejo o positrón se aniquilan en el encuentro…

Pero la mayor complicación de Tenet está en la línea temporal. Nolan parte de la hipótesis de que, si convertimos las partículas de un objeto o de un individuo en antipartículas, podríamos controlar el tiempo. Por eso las escenas transcurren en los dos sentidos y es posible volver al pasado. Si un personaje se topa con sí mismo en otro momento de la línea temporal, se aniquila.


Tenet como reflejo de las aspiraciones humanas

¡Cuántas personas querrían hacer como los personajes de Tenet! Controlar el tiempo, cambiar las consecuencias de las acciones, empezar de nuevo o evitar sufrimientos pasados son anhelos que compartimos.

Moverse hacia atrás en el tiempo es imposible en esta vida, pero su deseo nos hace entrever algo real: aspiramos siempre a más. Querríamos que lo bueno no acabara nunca y vivir felices para siempre. Hay al mismo tiempo algo en nuestro interior que busca escaparse, soltar las amarras hacia el más allá.

La narración de Tenet no es el mundo fantástico de Tolkien en el Señor de los anillos. No es tampoco la ficción futurista de la guerra de las galaxias. Es, podríamos decir, el alma humana que muestra sus aspiraciones más profundas: la bondad de una existencia inmortal no solitaria.


El palíndromo latino de Tenet

En Tenet hay 5 nombres escritos en latín. El primero es el mismo título Tenet, del verbo tenere: sostener. Luego encontramos a Sator, el traficante ruso que desea aniquilar el mundo, y que se traduce como el sembrador, el generador o padre divino, o creador.

Aparece también Thomas, de apellido Arepo, autor de un falso cuadro atribuido a Goya, custodiado con esmero por Sator. Arepo aparece solo una vez en la literatura latina, y podría venir del griego “alfa y omega” o del latín arepos, que indicaba un cierto tipo de carros, o ser un acrónimo: Aeternus Rex Excelsus Pater Omnipontes (Eterno rey excelso padre omnipotente: ver en indaginiemisteri).

Después nos fijamos en Opera, el primer escenario de la película: la Opera de Kiev, que será destruida, o la misma obra (opera) de arte pintada por Arepo. Opera viene del latín trabajo, e indica algo hecho con cuidado y atención.

Por último, la empresa de seguridad de Oslo, que se encarga de custodiar el famoso cuadro, se llama Rotas, del latín rueda o esfera celeste.

Vemos formado un palíndromo frecuente desde época medieval: Sator Arepo Tenet Opera Rotas. De acuerdo con la película de Nolan, podría leerse simplemente así: Sator tiene la obra de Arepo en la empresa Rotas. Pero caben otras lecturas: El creador sostiene con cuidado sus obras o el giro del mundo.

El ejemplar más antiguo de este palíndromo fue descubierto en 1936, en el gimnasio de Pompeya, construido en el siglo 1 d.C. Si se dispone como un cuadrado, se puede leer en todos los sentidos. Y, al centro de ese cuadrado, aparece la palabra Tenet en forma de cruz.




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Las letras, como describió Felix Grosser en 1926, son las mismas del Pater Noster (Padre Nuestro), la oración enseñada por Jesús de Nazaret hace 2000 años. Quedan dos “a” y dos “o”: alfa y omega (principio y fin).


Tenet y una existencia cristiana


La historia de Jesúcristo no terminó con su muerte, sino que resucitó. Esa resurrección es signo y anticipo de lo que sucederá con nuestros cuerpos. Después de la resurrección, el espacio y el tiempo sí que cambian, y dejan de ser impenetrables.

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En Tenet hay un momento en que el protagonista increpa a Sator por querer destruir el mundo: “eres un demonio”, le dice. A lo que Sator responde: “o un Dios…”. En efecto, quien controla el espacio y el tiempo está fuera de esas dimensiones de la materia.

El sistema de Nolan es una hipótesis irrealizable, pero el cristiano sabe que, a través de la unión con Cristo, llegará a superar efectivamente el espacio y el tiempo. Incluso en este mundo hay quienes se liberan por momentos de las barreras materiales, en los llamados fenómenos místicos, son capaces de apreciar colores y sonidos distintos (como en la película Tenet), de curar a distancia, de trasladarse a lugares lejanos…


Coherencia interna de Tenet más allá de la materia

La búsqueda de la coherencia que observamos en Tenet, con su complicado paso de una pinza temporal a otra, quiere ser fiel al complejo orden del universo, e incluso de nuestros procesos psíquicos.

En Tenet, las personas que están en el proceso de “inversión”, reviviendo su pasado, necesitan oxígeno. La vida en el espíritu podría ser como una “inversión del alma”, que se aleja del cuerpo y la materia y llega a comprender con más claridad unas reglas inteligentes que guían cuanto ocurre. Para este tipo de existencia, que mira a los demás y a Dios, no es suficiente el aire natural que llenar los pulmones, se necesita un oxígeno diverso: la gracia.

La mayoría de los seres humanos busca ese oxígeno en un absoluto divino y creador. Hay quienes lo encuentran en la naturaleza o en otros ídolos, y aspiran quizá a una reencarnación en un ser de dignidad creciente.

La tradición judeo-cristiana encuentra el oxígeno en un Dios creador y personal que guía amorosamente hacia una Vida después de la vida. Y para hacerlo más fácil, nos da un guion: la Biblia, comenzando con el Antiguo Testamento.

Como faltaba una mayor claridad, Dios decide hacerse hombre y bajar a la tierra. Tenemos el Nuevo Testamento, con Jesucristo, la Palabra o Verbo, creador eterno del tiempo, que desciende a nuestra historia temporal y limitada.


No podemos ir al pasado como en Tenet

Vivir en el pasado es complicado: se hace difícil respirar, como sucede a los personajes de Tenet. Por eso el cristiano abandona su pasado en la misericordia de Dios y se ocupa del presente, conformado por el amor. Cuando piensa en el futuro, no intenta modificar lo que ya ha sucedido, sino que se llena de esperanza y confía en la providencia o cuidado de Dios por lo que ha creado.

En el futuro no vemos solo la destrucción cósmica según la segunda ley de la termodinámica, sino la nueva vida en Cristo.

En Tenet el protagonista no tiene un nombre, para que cada espectador se introduzca en el misterio. En la existencia cada uno también ha de introducirse en el misterio, pero con un nombre. Un nombre que Dios conoce y nos lo dice en voz baja, añadiendo: “sonríe, te estoy filmando”.


Wenceslao Vial

Versione in italiano

Tráiler de la película Tenet, Christopher Nolan