Vídeos: personalidad y vida espiritual

¿Soy responsable de mi forma de ser? Claves para entender por qué somos como somos y los medios para crecer -madurar-, con serenidad y constancia. Es posible llegar a ser mejores seres humanos y por eso mismo más felices


Personalidad y vida espiritual: Vídeos de 14 minutos con texto

Wenceslao Vial


1. Mi carácter y yo

¿Soy responsable de mi forma de ser? Claves para entender por qué somos como somos y los medios para crecer -madurar-, con serenidad y constancia. Es posible llegar a ser mejores seres humanos y por eso mismo más felices.

Ver el texto completo: ¿Soy responsable de mi forma de ser?

1.- ¿Soy responsable de mi forma de ser?

Introducción: Muchas veces nos preguntamos si somos o no responsables de nuestra forma de ser, y más en concreto, nos hacemos, o nos hacen, la pregunta de por qué me pongo nerviosos al hablar en público? Por qué soy tan tímido, por qué fui tan pesado con ese hermano o con ese amigo, aunque les quiero, por qué ayer estaba tan contento y hoy me siento triste… Por qué no logro dejar el tabaco? Saber por qué somos cómo somos o cuál es nuestra responsabilidad en la forma de ser es algo fascinante que interesa a la humanidad desde hace muchos siglos.

  1. Teofrasto, discípulo y sucesor de Aristóteles en la escuela de Atenas, se extrañaba de por qué los griegos, habiendo nacidos todos bajo el mismo cielo, y recibido una educación similar fueran todos tan distintos… Escribió una pequeña obra titulada Caracteres: describe muchas formas de ser: avaricia, pesimismo, soberbia, relacionándolo con las actividades diarias de la época. Del pesimista, por ejemplo, comenta que es aquel que se queja continuamente: cuando un amigo le manda algo de comida dice que lo ha hecho para no invitarle a comer. Se enfada con Zeus, porque llueve poco o mucho o demasiado tarde; si encuentra algo de dinero en la calle, se lamenta de no encontrar nunca un tesoro, al que le felicita porque ha tenido un hijo, le dice, sí, pero he perdido la mitad del patrimonio…

Teofrasto murió con 85 años, lamentándose de tener que dejar la vida, cuando comenzaba a entender algunas cosas...

  1. Hoy se sabe mucho más, pero la polémica continúa y toma la forma de lo que a veces se llama el Nature-nurture. Que traduce Temperamento-Carácter, que son los componentes, por así decirlo, de nuestra personalidad o modo de ser: temperamento viene de humores, la mezcla de esos humores o fluidos líquidos que los griegos pensaban que eran responsables de nuestra forma de ser: que dan lugar a sanguíneos, flemáticos, coléricos y melancólicos.

Carácter, en cambio, son los aspectos del modo de ser adquiridos con la educación, en la familia, en el colegio, el ambiente en que vivimos, los sucesos positivos o negativos. El término tiene su origen en las incisiones que hacían los griegos en sus monedas. Dejaban en ellas una huella profunda, imborrable. Así es el carácter, pero nosotros no somos un trozo de metal inerte.

Pienso que con esta división entre temperamento y carácter se puede explicar nuestra forma de ser: sobre un sustrato dado, todo lo que ocurre, incluso antes de nuestro nacimiento, va dejado una huella, una marca que nos acompañará siempre. No somos responsables de nuestro temperamento, pero sí de nuestro carácter: le damos forma, lo modelamos… La fuerza del espíritu humano y la acción de la gracia de Dios son capaces de modificar nuestro modo de ser.

  1. Dentro de la psicología, muchos excluyen la responsabilidad: todo nuestro modo de ser sería fruto de condicionamientos internos (rasgos heredados, fuerzas ciegas de los impulsos, traumas o conflictos), o externos: las circunstancias exteriores que nos obligan a ser como somos: la familia en que nacimos, el colegio, las amistades. Así, para las corrientes unidas al psicoanálisis freudiano clásico, el ser humano es siempre empujado. Ejemplo del caballo (inconsciente) y del jinete (yo, consciente): el que sabe el camino es el caballo.

Para otros, todo depende de los materiales y de cómo se moldeen. Recuerdo el clásico ejemplo del boomerang que puso John Watson, precursor de las corrientes conductistas: si yo lanzo un boomerang, este vuelve a mí, por sus materiales y por cómo está hecho. Del mismo modo el ser humano se comporta de una determinad manera, por cómo está hecho.

El extremo contrario sería negar la existencia del caballo, y decir que la forma del boomerang o sus materiales no tiene ninguna importancia…. Y que yo, y sólo yo, soy responsable de mi forma de ser.

Los dos extremos ayudan poco a la salud, también espiritual, de las personas. Si todo depende de los materiales con los que estoy hecho, o de los impulsos, del caballo… ¿para qué esforzarme por ser un buen jinete, por aprender el camino, por llevar las riendas de mi vida? Si, por el contrario, considero que el caballo no tiene ninguna importancia en mi viaje o que la forma del boomerang da lo mismo, no tomaré algunas precauciones necesarias, no pediré ayuda o no cuidaré al caballo ni me importará la forma del boomerang.

  1. De todas maneras se puede decir y la ciencia psicológica lo abala, que la actitud más saludable, más provechosa es pensar que la mayor parte de nuestro modo de ser sí depende de nosotros. En el viaje hacia la plenitud de nuestra forma de ser, el jinete es más importante que el caballo. Exagerar demasiado las influencias de los genes, de los impulsos inconscientes, de lo que nos ha ocurrido, lleva a una actitud pasiva y pesimista: sí nada depende de mí, para qué esforzarme por cambiar, para qué intentar que haya mejores personas en el mundo, para qué aspirar a un mundo mejor.

En la historia de la medicina tenemos personas como Cicely Saunders, tan importante para los cuidados paliativos y gracias a la cual existen hoy los Hospicios, o Paul Paul Ehrlich, padre de la inmunología, que descubrió, por su constancia, después de más de 600 intentos, un importante medicamento de su época; pero también encontramos criminales, como el Dr. Mengele. La diferencia no está solo en el temperamento, aunque pueda influir, sino en lo que quisieron hacer de sus vidas...

La mayoría estamos de acuerdo, por ejemplo, en que robar es malo: pero si alguien comienza a robar, poco a poco irá transformando su forma de ser, en la forma de ser de un ladrón. Lo mismo se puede decir del que miente de continuo, que llegará a ser un mentiroso, una persona en la que no se puede confiar; del que comienza a drogarse, que será un drogadicto…, del que se deja llevar sin frenos por su sexualidad o por la pornografía, que terminará esclavo de su instinto.

 Conclusiones

  1. Hay que aceptar que no todo depende de nosotros y, al mismo tiempo, que nuestras acciones libres nos van transformando en lo que somos, hasta el punto de tener que admitir: “yo me he hecho como soy”.
  2. Contamos en esta tarea de “hacernos”, de formar nuestra personalidad, nuestro modo de ser, con la ayuda de Dios, con su gracia que lo puede todo. La gracia es capaz de transformar unas circunstancias externas muy adversas en ocasión de crecimiento, y es capaz de transformar nuestro carácter, siempre y cuando la dejemos. Si por temperamento somos más impulsivos, si el caballo es más arisco (chúcaro se dice a veces…), por ejemplo, o nos cuesta más el dominio de la impulsividad o de la lengua, la ayuda divina se hace más fuerte para eso, como decía ya santo Tomás de Aquino.
  3. A veces se olvida que responsabilidad viene de responder: ser capaces de dar respuesta. Y para dar respuesta necesitamos de alguien que reciba esa respuesta y la merezca. Para cambiar el modo de ser, hay que dejarse ayudar y tener una motivación: alguien a quien responder, un familiar, los amigos, la sociedad, y sobre todo, para los creyentes, Dios. Tengo que tener en la cabeza, ¿ante quien estoy respondiendo? O ¿Ante quien quiero responder?

* En resumen: La formación de nuestro modo de ser es una tarea que requiere tiempo, todo el tiempo…, pues la personalidad se forma hasta el final de la vida. La formación del carácter bien sigue el dicho: si tu proyecto dura unos meses siembra arroz, si dura unos años planta árboles, si dura toda una vida forma hombres.


2. ¿Psicólogo o sacerdote?

¿Cómo saber cuándo se necesita un médico, un psicólogo o un sacerdote? Ayudar desde la unidad de la persona.

Ver el texto completo: ¿De qué forma la vida espiritual colabora al equilibrio psicológico de las personas?

2.- ¿Cuándo se necesita un médico, un psicólogo o un sacerdote? 

Introducción: hace un tiempo recibí la carta de una persona que se lamentaba de que había pocos sacerdotes que supieran unir los aspectos psicológicos a los espirituales. Sería útil, decía, porque los aspectos psicológicos pueden inundar la vida espiritual, quitando la alegría y la paz. Y porque, añadía, tantas veces hacemos lo contrario de lo que pensamos que es justo. Estas dos ideas reflejan, en mi opinión, aspectos importantes de la relación psique espíritu: las dificultades psicológicas pueden estorbar a las manifestaciones del espíritu, quitar la alegría y la paz; pero también las faltas de coherencia o decisiones voluntarias que arraigan en la esfera espiritual, pueden comprometer los procesos psicológicos. Esto nos plantea la pregunta: ¿Cuándo se necesita un médico, un psicólogo o un sacerdote? Intentaré dar algunas nociones útiles.

  1. Comienzo con una premisa: el ser humano es una unidad de tres dimensiones: cuerpo, psique y espíritu. En esta tripartición, compatible con la clásica composición de cuerpo y alma sustancial, el cuerpo es lo orgánico y lo material; la psique es menos evidente, está muy unida a la parte corpórea, e incluye la afectividad (emociones, sentimientos y pasiones), los procesos mentales, las reacciones afectivas y la dinámica conscientes e inconsciente. El espíritu, en cambio, sería lo más inmaterial y lo que mantiene la unidad.

Una grieta en cualquiera de estas dimensione, puede hacer que se caiga la estructura entera. Es fácil entenderlo con las enfermedades orgánicas: una dolencia grave, afecta a toda la persona, puede tener repercusiones psíquicas como ansiedad, o depresión, etc. Las grietas psíquicas, por su parte, como un complejo de culpa obsesivo o una impulsividad exagerada, también afectan todo, incluso los aspectos espirituales como la relación con los demás o con Dios. Y una fisura espiritual importante, un problema de consciencia, una culpa verdadera, puede provocar malestar psicológico y físico.

El sufrimiento en todos los casos es similar. La angustia, el agobio, la pena o desconcierto de quien padece una depresión pueden ser iguales a las de quien no encuentra el sentido de su vida, o de quien solo piensa en sí mismo y cómo obtener placer; o quizá sean estos problemas, que llamaríamos espirituales, la causa de las molestias psíquicas.

  1. En algunos casos, la distinción entre algo médico o espiritual es sencilla, como cuando uno tiene dolor de estómago, o padece un delirio. En otros, es muy compleja o imposible. Además, en muchas ocasiones son útiles el médico, que afrontará las enfermedades propiamente dichas; el psicólogo, que ayudará a descubrir y superar conflictos, a conocer posibles pensamientos distorsionados; y el sacerdote, que mostrará a Cristo como Modelo y será instrumento para que la persona reciba la gracia de Dios. No existen recetas siempre eficaces, pues cada persona es única e irrepetible. En el libro Madurez psicológica y espiritual he intentado dar sugerencias prácticas para afrontar distintas situaciones.

 Muy resumidamente, diría que lo primero ante alguien que pide consejo es intentar comprender cuál es el problema y su raíz de fondo o eslabón perdido: tantas veces alguna mala idea de nosotros mismos, considerarnos inútiles, sucesos pasados que atormentan, la incapacidad de perdonar. Si no se consigue con rapidez llegar a las causas, descifrarlas y aliviar las molestias, será más importante pedir ayuda especializada y dejarse guiar. Si hay síntomas como la desgana, la apatía, el exceso de nerviosismo, que se prolongan por semanas, a pesar de seguir los consejos de un sacerdote o director espiritual, puede ser prudente la consulta a un médico o psicólogo.

Es clave valorar los aspectos del modo de ser, para determinar si son normales, si se pueden afrontar como defectos sin más, o si hay un trastorno de la personalidad que requiere de un especialista. Si hay dificultades importantes de perfeccionismo exagerado, escrúpulos permanentes, obsesiones, impulsividad o emotividad incontrolables, mucha susceptibilidad o celos, irresponsabilidad llamativa, abuso de sustancias o alcohol o excentricidades, es más probable que se necesite un médico o psicólogo experto. El punto que divide lo normal de lo patológico, en la personalidad, no es neto. Se puede considerar que un rasgo es más anormal, cuando la persona sufre y hace sufrir, por su modo de ser o por las consecuencias, como afirmó el psiquiatra alemán Kürt Schneider.

  1. Ante la duda, un buen médico o psicólogo conviene que sepa orientar a su paciente hacia un sacerdote; y conviene también que un sacerdote o director espiritual sepan orientar en algunos casos hacia un profesional de la salud. Una vez vino a verme una persona a la que el médico le había dicho: “Lo suyo parece un problema de conciencia moral”. Más de alguna vez he experimentado el bien que un comentario así puede hacer: por supuesto si es verdad, porque un médico tiene que distinguir, por ejemplo, lo que es un sentimiento de culpa patológico, de un sentimiento de culpa bueno y reparador.

También he comprobado, en mi labor sacerdotal, los beneficios de afrontar abiertamente algunos aspectos no directamente espirituales, al decir por ejemplo a alguien extremadamente ansioso, con tendencia marcada al pesimismo: “Mira, lo que te pasa tiene seguramente muchas causas, pero te beneficiarás de un apoyo psicológico, o al menos duerme mejor, haz ejercicio regularmente, sonríe tres veces al día…”.

  1. Pienso que un conocimiento profundo del ser humano implica saber psicología, sin necesidad de ser psicólogos: será la ciencia de un buen padre o madre de familia. Con frecuencia, quien padece sentimientos de culpa patológicos, se adentra en la desesperación o la angustia, no acudirá en primer lugar a un médico o psicólogo, sino a un amigo, a un profesor, a un sacerdote. De aquí la importancia de estar preparados y saber encauzar, si el caso lo requiere, hacia otro tipo de ayuda.

El sacerdote está llamado a mostrar, a pesar de sus limitaciones personales, el rostro misericordioso de Cristo. Todos se beneficiarán de su consejo y en especial de los sacramentos. La confesión de nuestras culpas, pedir perdón y recibirlo explícitamente en nombre de Dios es un gran estabilizador de la personalidad. Pero, como he dicho, hay muchos factores que pueden alterar la salud, y en la duda será conveniente el recurso a un profesional de este campo.

Y estos profesionales, a su vez, es bueno que tengan algunas nociones de la vida espiritual, sepan algo de la religión de sus pacientes, de su modo de relacionarse con el que consideran su creador, etc., para detectar cuándo será útil sugerir quizá una ayuda en ese terreno.

Conclusiones

  1. El médico, el psicólogo o el sacerdote están en relación con un semejante, con alguien como ellos al que deben tratar con respeto y afecto, buscando en todo su bien. Los profesionales de la salud no pueden dejar de lado la dimensión espiritual y los sacerdotes, no pueden dejar completamente de lado los aspectos psicológicos y fisiológicos –aunque no serán ellos los que los traten–, porque tienen delante espíritus con carne y hueso.

2. Cuando era estudiante de medicina escuché a un profesor decir: tu no curas una herida, curas a una persona. Un buen profesional estará atento a los aspectos espirituales, que diferencian a su paciente del “paciente” de un veterinario. Es decir, tendrá presente sus miedos, sus sentimientos de culpa, su relación con otros seres humanos. Y, si el enfermo es creyente, le facilitará si lo desea la cercanía de un sacerdote, o ministro de su confesión religiosa. El tema del sentido de la vida y del sufrimiento puede surgir con naturalidad y ¡cuánto sirve a las personas poder hablar de todo esto!


3. Vida espiritual y salud mental

¿Cómo influye la vida espiritual en la salud mental? Algunas claves para prevenir problemas y crecer en humanidad.

Ver el texto completo: ¿De qué forma la vida espiritual colabora al equilibrio psicológico de las personas?

3.- ¿De qué forma el cuidado de la vida espiritual colabora al equilibrio psicológico de las personas?

Introducción: para ver de qué forma el cuidado de la vida espiritual colabora al equilibrio psicológico de la persona nos sirve el ejemplo de santo Tomás de Aquino, que hablaba del espíritu y del cuerpo humano como de un músico con su instrumento. El músico, el espíritu humano, aunque no esté enfermo, puede ser incapaz de interpretar la melodía, si se desafina o se rompe el instrumento. Tantas veces, sin embargo, el espíritu se sobrepone a las limitaciones del instrumento y toca de un modo espléndido. En los casos graves, en que este espíritu es incapaz de manifestarse, como en algunas demencias, una vida espiritual hasta entonces rica puede continuar dando frutos, aunque no se noten exteriormente. Un espíritu fuerte ayuda a la salud, como intentaré mostrar.

  1. Querría comenzar con una aclaración de conceptos: la meta de una vida lograda en realidad va más allá del equilibrio. Me explico: la persona espiritual es capaz de amar, es decir, de darse y sacrificarse por alguien. Y todo el que ama, no busca un equilibrio sin más, sino que vive en tensión: una sana tensión. Esto lo experimenta incluso quien quiere a un gato… pues tiene que cuidarle y se preocupa si le ve decaído. Con más motivo quien quiere a otra persona o a Dios.

La vida espiritual es lo que permite nuestra relación con los otros, la capacidad de compadecernos, de dialogar y, sobre todo, de buscar alguien a quien amar, alguien a quien valga la pena entregarse y que dé sentido a nuestra vida. Esta búsqueda del sentido de la vida es garantía de buena salud y el primer paso de la religiosidad.

  1. Los estudios científicos demuestran que la fe previene algunas enfermedades y mejora el pronóstico de otras. La fe no es una medicina, pero hay muchos motivos por los que resulta útil para la salud, por la unidad entre las dimensiones de la persona. Da luz a la inteligencia, para captar más fácilmente lo que es bueno y malo, lo que es virtud o vicio, el valor de la templanza: beber alcohol con moderación, usar de la sexualidad sólo cuando hay amor, en el matrimonio y con el propio cónyuge, etc.

La Biblia recoge muchas orientaciones milenarias como la siguiente: “no mires qué rojo está el vino cuando refulge en la copa; entra suavemente, pero, al final, muerde como serpiente, pica como víbora” (Pr 23, 31-32). Cuántas cosas representan hoy a ese “vino”: la adicción a la droga, a la pornografía, a internet, o el aumento de familias destruidas. Si estuviéramos más atentos a las alarmas también espirituales, a las primeras chispas, que la fe ayuda a descubrir, no cundiría el incendio.

  1. En la estructura armónica de nuestro ser espiritual, pienso que ayuda mencionar lo que podríamos llamar sus notas musicales, agrupadas alfabéticamente. Autonomía y sana dependencia que nos hacen sentir libres y responsables, con una misión o proyecto. Autoestima: estar convencidos de que valemos mucho por ser personas.

Bondad de vida del hombre y la mujer que se dejan guiar por los ideales y valores, con el ejercicio de la virtud; recordando que la virtud hace libres y el vicio esclavos, como ya explicó Aristóteles con el ejemplo de un alcohólico incapaz de reunciar al alcohol: el boracho no puede dejar de beber, el virtuoso, puede beber en cualquier momento.

Coherencia y unidad de vida, según el proyecto personal. Cuando esta nota se desafina, se producen grandes desastres, no pasa desapercibido un sonido estridente y fuera de lugar: es lo que sucede con las dobles vidas: el hombre casado que los fines de semana se va con otra persona, el que roba pequeñas cantidades en su trabajo aunque reza –dice- mucho…, el que se compromete por amor a Dios al celibato, pero no vive la virtud de la castidad y un largo etcétera...

Diálogo o capacidad de mantener relaciones cordiales con todos. Empatía o capacidad de estar en sintonía con los otros, comprenderles, compadecerse, hacerse cargo de otras realidades y sentimientos. Familia a la que se pertenece y pensar en ella con espíritu de cooperación y sacrificio. Grupo humano del que se forma parte: el país, la ciudad, la escuela o universidad, sin excluir los buenos y nobles intereses de muchos otros. Identidad: saber quiénes somos, conocer el proyecto de la propia vida e intentar identificarse con él.

  1. Para el cristiano estas características también pueden resumirse alfabéticamente, en Amar el Bien en Cristo. La vida espiritual de un cristiano, a diferencia de cualquier psicoterapia, nos pone delante un modelo: un Modelo histórico de ser humano que es Jesucristo, un hombre verdadero al que podemos imitar y que además nos da su luz y fuerza, como el sol, para alcanzar y mantener la armonía. Cuentan que el filósofo Edmund Husserl, hebreo, al final de su vida, tomando el sol en el jardín y leyendo por primera vez los evangelios dijo: hoy para mí han brillado dos soles.

Bajo ese sol se puede componer una estupenda sinfonía y construir una vida plena, que incluye elementos psicológicos y espirituales. Sobre una base de identidad clara y fe, nos reconocemos criaturas limitadas y finitas. Con autonomía y esperanza, elegimos los medios para alcanzar la meta, cumplir una misión. Y con la caridad, crecemos en autoestima al sabernos hijos de Dios y salimos de nosotros mismos, para servir y querer a los demás por ser hermanos. De algún modo esta es la aspiración de cualquier ser humano: superar nuestros límites, descubrir el sentido de la vida, amar a alguien capaz de colmar las ansias infinitas de nuestro corazón y la sed de verdad.

Muchas personas, también médicos, han seguido este itinerario. Me impresiona especialmente la vida de Takashi Nagay. Cuando estudiaba medicina, oyó una frase de Pascal, que le llevó a la fe: “El hombre es sólo una caña, lo más débil de la naturaleza, pero es una caña que piensa”. Tuvo que afrontar una leucemia y después los horrores de la bomba atómica en Nagasaki, por la que pierde a su señora, Midori. Nagai es célebre como pionero de la radiología en Japón, como escritor, como sobreviviente de la bomba atómica, pero sobre todo como alguien que no perdió nunca la esperanza y supo querer y perdonar.

Conclusiones:

  1. La vida espiritual sana nos hace alcanzar la armonía y nos lleva a salir de nosotros mismos, a volar: no guardamos la buena música para nosotros, queremos compartirla. Quien toma distancia de lo que ocurre en sí mismo y a su alrededor, quien se sube al balcón de su vida para ver con perspectiva, es más feliz y eficaz. Los sucesos adquieren su real importancia, las soluciones son más fáciles, hay más serenidad.
  2. La vida de relación con Dios ofrece un significado a la propia existencia, que da estabilidad y paz, especialmente al considerarse en las manos de un Padre que no juega ciegamente con los destinos de las personas. Y, si por nuestra debilidad, se rompe en algún momento la armonía o se desestabiliza la estructura, por una falta de coherencia, por el pecado, Dios nos ofrece nuevas posibilidades de afinar y nuevos materiales de construcción, a través de sus sacramentos, en especial de la confesión.

3. El deseo de alcanzar la madurez, la armonía, no es exclusivo de los creyentes. Hay tantas personas sedientas de fe, de esperanza, que buscan la trascendencia, ansían ver desde lo alto con más luz para comprender los dilemas de su vida, como reflejan estos versos de Neruda: El mundo es una esfera de cristal /el hombre anda perdido si no vuela/ no puede comprender la transparencia. Por eso yo profeso/ la claridad que nunca se detuvo /y aprendí de las aves / la sedienta esperanza /la certidumbre y la verdad del vuelo.


4. La atracción por el mismo sexo

¿Qué puede llevar a sentirse atraído por el mismo sexo? ¿Qué es un deseo? ¿Cómo se van desarrollando los deseos en las personas? ¿Qué diferencia un deseo bueno de uno malo? ¿Puede una persona controlar sus deseos? ¿Cómo?

Ver el texto completo: ¿Qué pasa cuándo una persona tiene atracción sexual hacia el mismo sexo?

4.- ¿Qué pasa cuando una persona tiene una atracción sexual hacia el mismo sexo? ¿Cuál es la mejor forma de ayudarle? 

Introducción: como sacerdote y como médico, me han pedido ayuda personas que experimentan algún deseo o forma de atracción por personas del mismo sexo. Lo más sencillo habría sido decirles no te preocupes, has lo que quieras con tu sexualidad que todo es bueno y te hace bien. He conocido personas a las que les habían dado ya este tipo de consejos o las habían animado a experimentar de modo práctico sus deseos, sin que les hubiese ayudado para nada. Por esto, procuraré dar algunas ideas generales del fenómeno, para entender mejor de qué se trata y si es posible ayudar con eficacia.

  1. Una premisa indiscutible es que hay gente que experimenta este tipo de deseos y no está contenta, les gustaría cambiar, con independencia de sus creencias religiosas o su background cultural. Les gustaría sentir atracción por una persona del otro sexo, casarse, tener hijos de un modo natural.

Hay también numerosos datos científicos que conviene tener presentes. El más importante es que no se nace con un deseo sexual fijo o innato, no hay ningún gen que determine forzadamente esa modalidad; aunque, como en muchas otras situaciones, lo heredado pueda influir. Es claro que existe una variación del tipo de deseos a lo largo del desarrollo individual; y hay estudios que muestran, por ejemplo, que el 80 % de los chicos que en la adolescencia experimentan atracción sexual por personas del mismo sexo, ya no la tienen cuando son adultos.

Es además conocido que el fenómeno aumenta cuando no hay personas del sexo contrario, como en las cárceles, o antiguamente en viajes largos en barco. En los animales se ven actitudes sexuales con ejemplares del mismo sexo en situaciones aisladas o circunstanciales, desde una tortuga hembra que actúa como el macho, cuando está por poner los huevos, a un perro joven que no encuentra una compañera. En circunstancias ambientales normales, sin embargo, los animales suelen dirigir el instinto hacia el sexo contrario.

Volviendo al ser humano, las causas de la atracción por personas del mismo sexo, son muchas. En ocasiones, en los varones, la figura paterna ha estado ausente y tal vez la madre, que ha llevado al niño 9 meses en su seno y luego le ha seguido muy de cerca como bebé, no ha sabido separarse del niño varón y orientarle en la búsqueda del modelo masculino. Existen también los trastornos de identidad de género infantiles, que pueden comenzar muy precozmente y en muchos casos se superan con una reafirmación de los roles femeninos o masculinos, por parte de padres o familiares y puede requerir el apoyo psicológico de expertos. En la adolescencia, no es raro que se observe el fenómeno como algo transitorio, porque el instinto está despertando. En los últimos años ha aumentado el número de jóvenes que dudan de su identidad, porque se les da información equivocada, por ejemplo afirmando que no tienen otras opciones, que están obligados a seguir sus deseos, y que cualquier tipo de deseo o experiencia sexual es buena y gratificante. Este tipo de aumentos provocados desde fuera se vio ya en los años 30 en Europa, al difundirse las ideas del médico alemán Magnus Hirschfeld (1868-1935).

  1. El segundo punto será ver qué es un deseo, y si cualquier tipo es bueno. No se entiende lo mismo por deseo, tendencia, atracción o impulso… Sin entrar en todos los matices, podemos decir que un deseo es un deseo, y nada más. El deseo se despierta en un determinado momento y se puede despertar hacia muchas cosas, no es que esté fijado: no es que uno nazca con un deseo hacia una cosa, sino que se va fijando a lo largo del tiempo. Puede ser bueno o malo según el objeto al que aspire, y dar lugar también a buenas o malas acciones. En el caso del deseo sexual, se habla de bondad cuando aspira a su objeto propio. Y en esto, toda la estructura fisiológica y el aparato reproductor humano está diseñado hacia un miembro de la misma especie y del otro sexo, como en los demás animales. No es el rol o papel, ni siquiera los cuidados comúnmente llamados maternos o paternos, sino la biología característica de la reproducción lo que determina el sexo: en la naturaleza tenemos el ejemplo del pingüino emperador macho, que es quien cuida el huevo hasta que nace el polluelo, y no por eso deja de ser el macho…

Hay sin embargo otro elemento: la mujer y el hombre son capaces de dominar sus deseos y sus instintos, no se dejan llevar por el más fuerte del momento. No son como un perro, por ejemplo, que no puede dejar de acosar a la perra cuando está en celo. Por esto se dice que el ser humano transforma sus instintos en tendencias. Conoce el objeto que persigue y puede frenarse. Actúa libremente.

El instinto sexual también es transformado en tendencia por el ser humano: una persona sana es capaz de dominarlo, de someterlo a su inteligencia y voluntad. Por esto, puede darse cuenta de que está deseando algo no bueno en sí mismo o no bueno para él en determinadas circunstancias.

En resumen, pienso que se le ha dado demasiada entidad a un aspecto de la instintualidad humana. La educación en lo propio del hombre y la mujer, el fomentar la capacidad de amar que va más allá del placer y comporta sacrificio y saber esperar, son de mucha utilidad. Los animales no necesitan educación para poner por obra sus instintos en modo animal; el hombre y la mujer, sí necesitan esta educación, especialmente en la familia con un modelo masculino y femenino adecuado, para actuar en modo humano, para transformar los actos en gestos: gestos de amor, de entrega, de donación. Que un animal no es capaz de hacer.

  1. Estas son algunas bases desde las que se puede ayudar a quien pida esa ayuda. Lo primero será como siempre escucharle, evitando etiquetas. De esta forma se consigue que alguien comparta su situación, qué le provoca malestar y quizá ya sólo por eso sienta alivio. Saber que uno es libre, que no está determinado para siempre, que cabe tomar las riendas de los instintos en las manos, da mucha paz.

Conviene explicar el conjunto de la tendencia sexual y la bondad de la virtud de la castidad. Reforzar el concepto de que lo propio del ser humano es transformar en tendencia los instintos y dominarlos. De hecho, cuando no consigue dominarlos, la persona se hace esclava. Esto ocurre con cierta frecuencia con la sexualidad. Uno de los problemas médicos más actuales, por ejemplo, es la adicción a la pornografía. Menciono estos temas porque he visto con frecuencia que quienes no dominan su sexualidad en algún ámbito, terminan sufriendo por ser incapaces de controlarla. No consiguen ni siquiera el placer que buscaban. Si no se pone límites al instinto, es fácil que lleguen a conductas homosexuales incluso quienes no sienten atracción por personas del mismo sexo.

  1. Desde el punto de vista espiritual, conviene recordar la maravilla del amor humano y su bondad cuando los actos propios se ejercitan de modo humano, buscan el bien mutuo de los esposos y están abiertos a la procreación de una nueva vida. Habrá que decir que la virtud que ayuda a dominar la tendencia, la castidad, se perfecciona con la gracia de Dios: que son importantes la oración y la frecuencia de sacramentos para conseguir vivirla y fortalecer los buenos hábitos.

Qué bueno es mostrarles otros muchos campos de interés, el deporte, la actividad social, la ayuda a los más necesitados. De este modo se amplían los horizontes, sin centrar todo en la esfera sexual. Las tendencias no controladas cortan las alas del espíritu, como dijo Remplein, y hay que intentar que puedan volver a volar. Muchos, al controlar sus impulsos, consiguen mejorar en el estudio, en las relaciones familiares o sociales y en el trabajo.

El sacerdote en todo esto puede ser de gran ayuda. Recuerdo el testimonio público de un hombre que llevaba tiempo dejándose llevar por sus tendencias, al que un sacerdote le había dicho que tenía que cambiar de actitud poniendo los medios, porque ese modo de actuar no era bueno. La gracia de Dios no le faltaría, pero si no se esforzaba, estaba de algún modo rechazando la gracia. Estas palabras explicadas con cariño, le hicieron reaccionar, buscar ayuda y cambiar de vida.

  1. Sobre el apoyo psicológico, recordaré sólo que es posible y eficaz, especialmente si la persona continúa sufriendo con su situación. Les servirá, por ejemplo, a quienes desean cambiar, pero tienen una tendencia muy arraigada o han sufrido traumas importantes en la infancia, como el abuso sexual. Hay muchos médicos y psicólogos, de diversas confesiones religiosas, que han estudiado sin prejuicios el tema; y un porcentaje alto de quienes solicitan ayuda por tendencias arraigadas hacia personas del mismo sexo cambia ese deseo. A quienes, sobre todo ya más mayores, no se planteen o no logren modificar su tendencia, les da mucha paz y luces saber que pueden vivir cristianamente, con castidad, y ser muy felices, como cuenta Philippe Ariño en un testimonio autobiográfico.

A veces puede servir el apoyo de grupos como Courage, que existe en diversos países. Tienen por objeto ayudar a las personas con deseo sexual por personas del mismo sexo a vivir la castidad, la fraternidad, la amistad y el servicio. Hay además numerosos libros y páginas web que ofrecen explicaciones más exhaustivas sobre el tema y elementos para una mayor comprensión: por ejemplo, esposiblelaesperanza.com.

Termino subrayando lo que me parece más importante: formar en lo que es una sexualidad humana a la población general, si se quiere ayudar a transformar los instintos en tendencias. Se sabe científicamente que un pequeño cambio de estilo en la población general es mucho más eficaz que focalizarse en grupos particulares: se ha comprobado por ejemplo que se consiguen mejores resultados si se enseña a mucha gente a beber alcohol con moderación, que si se invierte mucho tiempo y dinero en la ayuda a personas alcohólicas. De modo similar, más que centrarse en una ayuda a quienes experimentan deseos sexuales hacia personas del mismo sexo, convendría hablar de una sexualidad humana sana, que sabe esperar, que no se hace cómplice de crímenes como la prostitución o la pornografía, que no usa a las personas como si fueran objetos. Hay que educar en la familia sobre estos temas, con apertura al amor que implica sacrificio y saber esperar el momento del matrimonio. Es este uno de los llamados más fuertes del Papa Francisco en la Amoris Letitia, pues como él dice, son pocos los que hablan de estos asuntos.


5. Ideología de género: desmontando errores

¿Cuáles son los errores de la ideología de género? Hay que tener en cuenta las diferencias entre el hombre y la mujer para no provocar grandes problemas en la sociedad y en el matrimonio.

¿Cómo actuar ante casos excepcionales de malformaciones genéticas?

Ver el texto completo: ¿Cuáles son los errores de la teoría de género y de qué modo puede hacer daño?

5.- ¿Cuáles son los errores de la teoría de género y de qué modo puede hacer daño especialmente a nuestros niños?

Introducción: Al hablar de género es importante precisar que muchos estudios de este tipo son buenos y contribuyen a una mejor comprensión de los papeles de la mujer y el hombre en la sociedad. Es objetivo que los papeles o roles cambian y quedan ya lejanos los tiempos en que, especialmente en algunos países, la función de la mujer quedaba limitada a las tres K, del alemán Kirche, Küchen y Kinder: iglesia, cocina y niños. Pero cuando el género, o el aspecto social o cultural de la sexualidad se absolutiza y se desliga del todo de su fundamento biológico, se producen serios problemas. Da lugar a una ideología presentada como dogma, que excluye el diálogo con los que piensan distinto y tiene varios errores científicos. 

  1. El principal error de esta ideología es desligar la sexualidad humana de su fundamento biológico. Nuestra especie cuenta sólo con dos sexos: femenino y masculino, que se corresponden a una realidad genética: los cromosomas XX en la mujer y XY en el varón. Con la ideología del género se materializa de algún modo el temido tabú de Freud: ya no se puede hablar de sexo, sólo de género, lo cual es una aberración científica.

La distinción de sexos es clave para la propagación de la especie y la convivencia social humana. El ser humano es esencialmente y ontológicamente un ser sexuado, como la mayoría de los animales y vegetales. Los casos más extremos de defensores de la ideología del género, que brota de un feminismo radical, quieren incluso desligar de la mujer aspectos como la maternidad.

Hay numerosos estudios que muestran tendencias claramente diferenciadas entre mujeres y hombres desde muy temprana edad. Con los años, las diferencias físicas, psicológicas y sociales entre los dos sexos son evidentes. Y estas diferencias no son malas: los hombres tenemos que aprender de muchas buenas características o talentos femeninos, como la atención a los detalles y la capacidad de servir, y las mujeres de los hombres pueden aprender también aspectos, por ejemplo, para una mayor objetivación de los problemas.

No tener en cuenta en la práctica las diferencias entre hombres y mujeres provoca grandes problemas en los matrimonios, como pone de relieve el conocido best seller Los hombres vienen de Marte, las mujeres de Venus.

  1. El segundo error es centrar la atención en casos límite, o patologías, intentando hacer de ellas la regla general. Me explico: es conocido que algunas personas tienen alteraciones cromosómicas u otros problemas de funcionamiento hormonal que impiden el desarrollo adecuado y conforme de los órganos genitales, de acuerdo al sexo cromosómico. Existen las malformaciones genéticas y los llamados estados intersexuales. La mayoría de las veces los médicos consiguen saber cuál es el sexo que más se ajusta a la realidad biológica y proceder a asignarlo poco después del nacimiento: a veces esto conlleva cirugías reparadoras y tratamiento hormonal sustitutivo.

Siempre se ha considerado en medicina que los casos de ambigüedad sexual al nacimiento son una patología del desarrollo normal que conviene tratar cuanto antes, para evitar daños físicos y psicológicos. Hay ahora, sin embargo, quienes buscan en el sufrimiento de estas personas y sus familias un aliado para defender ideologías: dicen que no habría que considerarlas enfermedades, sino una demostración de que el sexo no es más que una gradualidad continua entre mujeres y hombres. Los más extremistas quieren que no se trate a los recién nacidos con genitales ambiguos, sino que se los deje elegir a ellos cuando crezcan.

  1. De estos errores, se va a consecuencias prácticas muy dañinas. Lo más grave, es el abuso que se está produciendo en niños a los que se les frena el desarrollo puberal con hormonas y se les somete a operaciones irreversibles, para cambiar al sexo contrario, por el solo hecho de que no se sienten identificados con su sexo biológico. La comunidad médica no podía quedarse indiferente y así el Colegio de pediatras americano ha llamado a la prudencia, por considerar que estas prácticas son muy perjudiciales. A esta misma conclusión llega el informe Mayer sobre sexualidad y género, redactado por dos médicos del hospital Johns Hopkins de Baltimore. Es la mayor revisión científica sobre el argumento, y fue publicado en agosto del 2016.

La ideología del género pretende hacer creer que el sexo biológico, nacer hombre o mujer, carece de importancia. Se pretende que los niños experimenten diversas posibilidades, para que puedan elegir libremente qué sexo quieren tener. Hace un tiempo, estuve en un museo de Viena y observé que un grupo de niñas y niños de unos siete a nueve años, acompañados por su maestra, contemplaban el cuadro de la infanta María Teresa pintado por Velázquez. Me divertí al ver que la profesora ofrecía a las niñitas un vestido de época, similar al de la princesa, con una especie de armadura metálica sobre la que se pone la falda. Las niñas lo iban probando y fotografiándose con orgullo. En un cierto momento, lo ofreció también a un chico, que se resistía, y le dijo: “anda, así puedes ser como… y nombró a un conocido cantante transgender de Austria.

Hechos como este a veces no son bromas, sino adoctrinamiento de niños que aún no tienen capacidad de discernir. Se intenta negar las diferencias entre hombre y mujer, poniendo en duda una identidad esencial. Hay libros de textos para niños en algunos países, en que la palabra sexo se remplaza por género, que más recuerda a su sinónimo “tela”, que se puede llevar o no y cambiar a voluntad. Se les explica que da lo mismo una cosa que otra. Se transforman incluso las fábulas de niños: el príncipe no se enamora de una bella princesa, sino de otro príncipe. En un colegio de Inglaterra se intentó que los niños mejoraran la historia de Cenicienta: vivía en condiciones malas, maltratada por su madrastra y hermanastras, hasta que el príncipe se enamora de ella, y la descubre porque ha perdido su zapato. Pues la reconstrucción, guiada por la maestra, fue que Cenicienta vivía con unos padres y hermanos muy malos, pero se liberó y puso una tienda de zapatos; el príncipe la invitó a una fiesta, ella se compró zapatillas y pantalones y se fue… El príncipe quería casarse, pero ella no quiso y vivieron felices como amigos…

Quizá la Cenicienta clásica es poco atenta a la figura femenina, pero hay que ponderar las soluciones, porque un niño puede ser empujado a creer que lo mejor es que las niñas se vistan como chicos, los chicos como chicas, y que el matrimonio es una esclavitud.

  1. Un segundo peligro, que va unido al recién mencionado, pero más antiguo, es la banalización de la sexualidad. Ha existido siempre y ahora se ve de algún modo impulsada porque hay grandes intereses económicos. Es lo que Viktor Frankl llamaba “la danza en torno al cerdo de oro”: la frivolidad en estos temas consigue cientos de esclavos de la pornografía y del mercado de bajos fondos.

Numerosos jóvenes, estimulados precozmente en sus instintos inmaduros, no esperan el momento adecuado para iniciar la práctica sexual. Muchos psicólogos advierten los riesgos de estas conductas y recuerdan como cualquier relación sexual deja una marca imborrable en ambos protagonistas. Quemar las etapas con demasiada anticipación hace que se agoste no sólo el amor, sino el mismo placer, que termina por desaparecer.

Al igual que la tierra explotada necesita cantidades crecientes de productos para volver a ser fértil, quien abusa de su cuerpo como mero objeto de placer, se hace esclavo de un imparable consumo de estimulantes, píldoras, imágenes... Sobre esta base surgen aberraciones médicas y crímenes como la pornografía, la prostitución o la pedofilia, e incluso grupos extremistas que desearían legalizarla, llamándola sexo intergeneracional.

Resumo el tema con tress consideraciones:

  1. El género es algo de lo que se puede hablar, siempre que no sustituya la esencialidad biológica de la identidad sexual.
  2. Hay que dar educación, de acuerdo a la edad, sin adelantar aspectos para los que un niño no está preparado: a nadie, por ejemplo, se le ocurriría enseñar a conducir a niños de 10 años.
  3. Hacer dudar a los niños de su identidad como hombres o mujeres es un germen peligroso de inseguridad, baja autoestima y muchas dificultades psicológicas, porque se pone una bomba en los fundamentos de la personalidad. El sexo biológico es innato, y el género no y debe ser educado.


6. La realidad de la "reasignación de sexo"

La identidad del género no es algo fijo o innato.

¿Qué consecuencias sufre la persona cuando decide cambiar de sexo? Son operaciones de amputación -por tanto, irreversibles- de miembros sanos. ¿Resuelven el conflicto interno que tiene la persona?

Ver el texto completo: ¿Las operaciones de cambio de sexo son realmente una solución?

6.- ¿Las operaciones de cambio de sexo son realmente una solución? ¿Cuál es la evolución – a la larga- de las personas que se someten a este tipo de operaciones? 
¿Son moralmente aceptables las operaciones de cambio de sexo?

Introducción: Sobre las operaciones de cambio de sexo, querría mencionar, como en otras ocasiones, el informe Mayer sobre sexualidad y género, de agosto del 2016. Me parece interesante que los médicos redactores estén en relación con el hospital Johns Hopkins, de Baltimore, pues a ese hospital pertenecía, como jefe de psiquiatría, el Dr. John Money, que por primera vez utilizó el término gender en un artículo académico, en 1955. El Dr Money se hizo tristemente célebre por su paciente David Reimer que poco después de nacer, en la circuncisión sufrió un daño. El médico, de acuerdo con los padres del niño, decidió hacer un experimento, que consistió en criar a David como niña, con el nombre de Brenda; lo operaron y le dieron hormonas para que se desarrollara como una chica. No se consiguió que estuviera contento como niña, y los médicos aconsejaron a los 14 años decirle la verdad e intentar revertir los daños. Pero David siguió sufriendo hasta que se quitó la vida en el 2004, con 38 años.

Una importante conclusión de este informe de los doctores Lawrenz Mayer y Paul McHuge es que la identidad de género no es algo fijo o innato y que científicamente no se sostiene decir que hay hombres atrapados en cuerpos de mujer o mujeres atrapadas en cuerpos de hombres. Recuerdo que Mayer es conocido por haber sido perito en la defensa de grupos LGTB.

  1. En el informe se menciona explícitamente el tema de las intervenciones quirúrgicas. Se muestra, en primer lugar, como los casos de personas descontentas con su género que deciden cambiarlo quirúrgicamente son muy pocos.

Son operaciones importantes, con complicaciones como trombosis o incontinencia, pero lo más complejo es que después de las intervenciones, continúan con un alto porcentaje de sintomatología psíquica, con tres veces más frecuencia de hospitalización por este motivo, y una mortalidad también unas tres veces mayor que en otros grupos, por diversas causas, entre ellas el suicidio.

En un estudio de adultos sometidos a este tipo de cirugía para cambiar de sexo, comparado con un grupo control, se vio que tenían una probabilidad 5 veces mayor de intentar un suicidio y cerca de 19 veces mayor de morir por suicidio. Los autores del informe Mayer señalan también que los factores de rechazo social podrían influir en estos datos, aunque no parece que se pueda atribuir a esto en modo sustancial. Es un elemento más para darnos cuenta de que estamos hablando de personas humanas, únicas e irrepetibles, y hay que ser extremadamente delicados con cada una.

  1. Desde el punto de vista de la bondad o maldad de estas operaciones, hay que tener muy en cuenta estos primeros datos científicos. Luego, habrá que ver también si estas operaciones pueden ser consideradas un acto médico, porque en ocasiones consisten en mutilar órganos sanos. Y no parece que sólo la decisión del paciente sea suficiente para justificar ese acto quirúrgico.

He asistido a muchas operaciones quirúrgicas de todo tipo. Las más traumáticas y que más me han impresionado son las operaciones de amputación. Me refiero a extirpar quirúrgicamente algún miembro o parte de un miembro dañado del cuerpo humano, que se hacen con un motivo muy claro, como evitar que una infección se extienda o la imposibilidad de reparar un daño masivo y es claro que se trata de un acto médico sobre un miembro enfermo del cuerpo. Recuerdo una vez que una señora insistía al cirujano para que le amputara el dedo pequeño del pie que le hacía mucho daño, a lo que el cirujano finalmente accedió. Yo como estudiante de medicina no participé en la decisión y estoy seguro de que había alguna indicación médica que lo justificara, pero me impresionó de un modo especial, tal vez por ver lo que decía antes: la amputación de una parte aparentemente sana.

Con esta experiencia, pienso en las operaciones para cambiar de sexo, en las que se extirpa irreversiblemente un miembro sano: sin duda requiere un análisis caso a caso, porque no es evidente que sea un acto médico. En ninguna cirugía médicamente indicada se quita un órgano entero, que no esté funcionando mal o tenga alguna deformidad. Además, no hay ninguna posibilidad quirúrgica ni hormonal de hacer que un chico que nació biológicamente y cromosómicamente chico, se transforme cromosómicamente en una mujer; o que una chica que nació biológicamente chica, se transforme en chico.

Los resultados, en cuanto a bienestar, de estas operaciones son además muy pobres, pues no resuelven el conflicto de fondo. Por todo esto, una operación de cambio de sexo en una persona con un claro sexo biológico no es buena. Habría que añadir que caben errores médicos de asignación de sexo al nacimiento, muy pocos casos, en los que habría que valorar persona a persona la conveniencia de hacer una operación.

  1. He hablado hasta ahora de la ciencia, añado algo que la ciencia puede percibir, pero que con la fe se ve más claro, y es que el ser humano parece construido (perdón por el término mecanicista), por alguien… Se ve en él una serie de reglas no sólo físicas o fisiológicas, sino también psíquicas y espirituales. Y alterar esas reglas, va contra sí mismo. La ciencia demuestra que un órgano tiene sus funciones, sus modos, sus tiempos, que conviene respetar si no se le quiere hacer daño. Tenemos quizá como un manual de instrucciones, que el creyente llama ley natural grabada por Dios en su corazón. Y si no se sigue, puede pasar como con quien no lee que su coche tiene sólo 5 cambios o marchas y busca a toda costa poner la sexta, hasta que revienta la caja de cambios.

Pienso que es útil dejarse sorprender por estas leyes. Así Kant, por ejemplo, se maravillaba del cielo estrellado sobre él y de la ley natural dentro de él. Pero un cristiano no seguirá esas leyes por deber y nada más, sino que les encontrará su sentido, y procurará vivirlas por amor: por amor a sí mismo –porque así será más feliz–, por amor a los demás, con respeto, y por amor a Dios al que considera su creador.

Es bueno que dediquemos tiempo a leer nuestro manual de instrucciones, sobre todo si vemos que no estamos alcanzando la felicidad. Se trata de una ley inteligente impresa en el corazón, unas pautas llenas de sabiduría que nos guían hacia la verdad, la belleza, la bondad y el amor. Si uno ha tenido la fortuna de recibir educación cristiana, tiene más claro el mapa que conduce a la felicidad. Aun así puede no seguirlo. Sólo la fe vivida con coherencia ayuda a vivir mejor.

Sólo esta fe hace entrever en el horizonte otra vida y estimula la esperanza que protege del pesimismo. La certeza de que esta existencia se acaba y de que alguien nos espera para preguntarnos si lo vivido ha valido la pena, si hemos cumplido la misión, es una llamada más a la responsabilidad. Saber que hay alguien interesado por nosotros, que nos quiere y espera una respuesta, nos mueve a vivir conforme a la realidad de nuestro ser: en expresión de Frankl, ya no nos preocupamos tanto de lo que esperamos de la vida, sino de lo que la vida espera de nosotros.

Conclusiones:

No es necesaria la fe para actuar con prudencia en estos temas que afectan la esencia de los seres humanos, en su única distinción entre hombres y mujeres, con igual dignidad.

Lo que sí es necesario, es fomentar la capacidad de asombro ante un mundo que no es caótico, y penetrar en sus leyes sin prejuicios, dejar entrar la luz, sin excluir las opiniones de los demás, las aportaciones de las distintas ciencias y culturas.

Qué significativa e inspiradora resulta la poesía más conocida y breve del poeta italiano Ungaretti, llamada mattina (mañana): “me ilumino de inmensidad”. La escribió al amanecer y refleja su sorpresa ante lo infinito, ante una luz eterna que envuelve al hombre mortal. Con este asombro deberíamos acercarnos a los otros seres humanos, acudir a su encuentro e intentar resolver sus dilemas, nuestros dilemas.


7. Médicos más allá de sus competencias

¿Por qué impedir a alguien el acceso a una ayuda profesional para modificar su deseo sexual por personas del mismo sexo? ¿Por qué negarles este derecho y una posibilidad que la ciencia demuestra factible en un alto porcentaje? No es coherente ni científico facilitar cambios externos de atributos sexuales, con operaciones complejas y costosas, y negar, en cambio, la posibilidad de modificar un simple deseo sexual. ¿Qué pueden hacer los médicos o psicólogos en la práctica ante quien pregunta por su orientación sexual?

Ver el texto completo: ¿El deseo sexual y los objetos distintos de ese deseo, tienen algo que ver con la medicina?

7.-¿Este asunto tiene que ver con la medicina o no, es una enfermedad o no lo es? ¿En qué casos sí y en qué casos no? ¿No hay un fallo a la hora de plantear sus razonamientos por parte del lobby LGBT, defendiendo su libertad de cambiar de sexo y en cambio prohibiendo a quien esté a disgusto con su tendencia homosexual buscar ayuda?

Introducción: La dimensión sexual llena miles de páginas de libros de medicina y psicología y es evidente que cabe afrontarla médicamente. Temas que hemos visto en otras sesiones, como el deseo sexual por personas del mismo sexo o el no estar a gusto con el género asignado y acorde al sustrato biológico, necesariamente han de ser afrontados en relación a la salud. Como ya he dicho en otras ocasiones suficiente sobre los temas concretos, me referiré ahora sólo a tres puntos: estamos o no ante enfermedades, por qué es discriminatorio impedir que quien lo desee reciba ayuda médica o psicológica, y qué pueden hacer los médicos en la práctica.

  1. ¿Estamos o no ante enfermedades? Lo primero es saber qué se entiende por enfermedad, lo que no es tan sencillo. Una definición común en diccionarios es: Alteración del funcionamiento normal del cuerpo de los animales o de los organismos de los vegetales, lo que evidentemente no es completo. Es mejor la del Diccionario de la Real academia española de la lengua: enfermedad es la alteración de la salud de los seres orgánicos. El problema se mantiene, pues necesitamos ahora saber qué es salud.

Y en esto tienen un papel fundamental los organismos médicos oficiales. Así, la Organización mundial de la salud define salud como “estado de perfecto bienestar físico, mental y social, y no sólo ausencia de afecciones o enfermedad”. Al poner en relación las dos definiciones, nos encontramos con que puede haber personas con un problema de salud, que no están enfermas.

En este contexto, me parece claro que aspectos de tanta importancia social como la identidad de género interesan a la medicina, que tiene por objeto la salud. La profesión médica, la psicología y otras profesiones de áreas sanitarias están, quiéranlo o no, en primera línea en todas estas materias: ya sea por sus concepciones teóricas que implican una toma de posición, como en tantos aspectos prácticos como ayudas psicoterapéuticas, intervenciones quirúrgicas o tratamientos hormonales, etc.

Ya sobre temas más concretos, pienso que hay que seguir las orientaciones de los organismos médicos competentes, que varían con los años. Por ejemplo, la homosexualidad se incluía dentro de los trastornos de personalidad, hasta la segunda edición, en 1968, del conocido manual de Enfermedades Mentales de la Asociación de psiquiatría Norteamericana. En 1987, ya desaparece por completo del elenco de enfermedades. Más tarde, en 1991, la Organización Mundial de la Salud, la quitará del manual propio.

Algunos se lamentan de que estas decisiones se hayan hecho por democracia, sin suficientes elementos científicos. Pienso que muchas decisiones médicas, como en otras realidades humanas, se toman de acuerdo con la mayoría. Por otra parte, y en esto estoy de acuerdo con las comunidades LGTB, no es necesario medicalizar todo: hay muchos aspectos de la vida humana que van más allá de lo médico, y no necesitan ser encasillados en términos de enfermedad o salud.

Añadiría que es evidente que muchas personas con tendencia homosexual no son enfermas o inmaduras. Es frecuente, de hecho, que tengan diversas características de personalidad muy buenas, sean amables, sensibles y creativos. La actividad homosexual, sin embargo, por ir contra la naturaleza específica de esos actos humanos, puede ser una señal de inmadurez y convertirse en un vicio que esclaviza. Lo mismo ocurre con cualquiera que no controle su actividad sexual. Poner como centro de las personales aspiraciones la práctica de la sexualidad sin frenos ni horizontes de amor y apertura a la vida, indica una carencia importante.

  1. El segundo punto anunciado es el tema de la discriminación.

Aquí me parece que hace falta un mayor diálogo, porque hay claros puntos de incoherencia. Da la impresión de que algunos médicos e incluso el mismo Manual Diagnóstico de enfermedades mentales de la asociación psiquiátrica estadounidense, ha ido más allá de sus competencias y sin valorar todos los datos científicos.

Intentaré explicarme. La quinta y última edición del manual, del año 2013, ha mantenido el diagnóstico de Disforia de género, antes llamada trastorno de identidad de género: es decir considera una enfermedad, el no estar a gusto o identificado con el sexo biológico. La discusión previa fue grande, porque varios redactores querían quitar también esta categoría. Se dejó, y esto es lo que me parece más curioso, solo para permitir a estas personas que pudieran acceder a la salud y al dinero público, para costear las intervenciones quirúrgicas de cambio de sexo y los tratamientos hormonales sustitutivos. Esta misma discusión se está teniendo ahora para la redacción de la clasificación internacional de enfermedades (el ICD), que está por ser publicado.

Se considera un derecho que una persona a disgusto con su género asignado, recurra a operaciones y tratamiento hormonales. Pero aquí está una de las incoherencias: los mismos que sostiene estas posturas, impiden que quien experimenta un deseo sexual hacia personas del mismo sexo, pueda intentar cambiarlo. Esta actitud no es coherente ni científica. No es coherente, pues es algo más sencillo y barato, con menos riesgos. No es científica, pues es bien conocido que muchas personas adultas que desean cambiar su deseo sexual, hacia el objeto propio de su condición biológica, consiguen cambiarlo con ayuda especializada. Los datos varían pero son cerca de la mitad de los que lo intentan.

Es una discriminación grave impedir el acceso a un profesional de la salud, a personas que no estén a gusto con su deseo sexual, quieran poder casarse y tener tal vez hijos de un modo natural. Y es un atropello a la ciencia, obligar a los profesionales de la salud o de la ayuda a otros, a negarse a recibir a estas personas en sus consultas, o limitarse a ofrecerles un cambio de sexo quirúrgico o decirles no te puedo ayudar, lo tuyo es inevitable.

  1. El tercer y último punto es ¿qué puede hacer el médico, psicólogo o profesional de la salud ante alguien que le consulta sobre su orientación sexual o sus deseos?

Me permito partir del juramento hipocrático, que muchos médicos hemos hecho: “regularé el tenor de mi vida por el bien de los enfermos, según mis fuerzas y mi juicio, y me abstendré de cualquier ofensa o daño”. Me parece clave la seriedad profesional, el respeto a toda persona, el no actuar por el ansia de dinero, prejuicios personales, deformaciones del propio tenor de vida. Con esta premisa lo primero que diría es que los profesionales de la salud pueden muy bien mantenerse neutrales o no intervenir y quizá enviar a otros colegas. Pienso que no deberían, sin embargo, actuar sin fundamentos científicos, y fomentar, por ejemplo, prácticas sexuales sin frenos o no moderadas, porque se sabe que hacen daño a la salud. Deberían también advertir de los importantes riesgos para la salud de las conductas homosexuales entre varones, como el Sida, cuya frecuencia aumenta mucho con estos comportamientos. Muchas otras patologías se desprenden de una actividad sexual no controlada: hoy una de las más serias es la adicción a la pornografía, similar en muchos aspectos a la drogadicción.

Los médicos no deberían tampoco prescribir operaciones drásticas de cambio de sexo, si no está demostrado que provoquen un beneficio significativo. Más prudencia todavía hay que tener si se trata de niños. Vuelvo a recordar a Hipócrates: “me abstendré entre otras cosas, de cualquier acción corruptora sobre el cuerpo de las mujeres o de los hombres, libres o esclavos”. Habría también que estudiar sin prejuicios por qué en los grupos LGTB los parámetros de salud mental aparecen más bajos.

¿Y qué más pueden hacer los profesionales de la salud si alguien les dice, por ejemplo, que quiere modificar su deseo? La ciencia médica ha demostrado que es posible modificar el deseo. Cómo hacerlo, dependerá del profesional y su preparación, pero es algo que debe estar permitido, pues si no se atenta a la libertad de los ciudadanos. Es un hecho que mucha gente busca ayuda médica o psicológica ante lo que siente o experimenta en ámbitos relacionados con su sexualidad, y tiene derecho a que se le ayude sin condicionamientos ideológicos o discriminaciones. ¿Por qué se podría ayudar a modificar físicamente el sexo de una persona, con costosas operaciones y un gasto sanitario mucho mayor en sostenimiento psicológico y hormonal, a quien no esté a gusto con su sexo biológico, y no se podría ayudar con mucho menos costos a modificar un deseo, cosa que la ciencia demuestra que es posible?

El médico puede tener sus propias creencias o dudas…, pero no debiera imponerlas a sus pacientes. Las intromisiones de elementos extra médicos son muy peligrosas. Y en esta línea se mueven los que niegan la diferencia esencial entre mujer y hombre o impiden el acceso a la salud a quienes buscan modificar sus deseos. La ciencia médica debería, en mi opinión, estudiar más a fondo los fenómenos y ofrecer alternativas, contando con que la experiencia actual demuestra que en cerca del 50 % de los que buscan ayuda especializada aparece atracción sexual hacia individuos del sexo opuesto.

Conclusiones:

  1. Hay que recordar, además, que mucha gente no se considera representada en los grupos LGTB, y no quieren que se atribuya toda su identidad a un elemento tan íntimo como es su sexualidad.

2. Los profesionales de la salud, los educadores, los legisladores y todos tendríamos que pensar más si determinados comportamientos o actitudes son saludables, si llevan al desarrollo feliz de la persona en la sociedad. Cuentan, y con esto termino, que Pompeyo Magno recibió el encargo del imperio de acabar con los piratas del mediterráneo que robaban los recursos que iban a Roma. Y teniendo a muchos de ellos presos en una isla, les perdonó. Y le decían los piratas: “mientras más te comportas como humano, más te asemejas a los dioses”. Aunque lo decían de un modo interesado, qué verdaderas resultan estas palabras. El ser humano que más se comporta como mujer o como hombre, se eleva por sobre sí mismo, muestra lo mejor de sí y, con la gracia de Dios, incluso de algún modo se diviniza. Actuar de acuerdo a la naturaleza humana hace más felices.

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