Algunas ideas sobre el temperamento


Nuestro temperamento condiciona el modo en que percibimos la realidad, nos relacionamos con las personas y acometemos nuestros proyectos vitales. Por eso, en la labor de formación es de gran ayuda facilitar la aceptación del propio temperamento, con sus fortalezas y debilidades, para desarrollar las virtudes cristianas. Siguiendo la distinción clásica entre los temperamentos colérico, melancólico, sanguíneo y flemático, este texto ofrece algunas claves. Puede servir como base para preparar algunas clases sobre el tema, teniendo en cuenta que, además del que aquí se ofrecen, existen más enfoques válidos sobre el temperamento y la formación de la personalidad.


Algunas ideas sobre el temperamento, el carácter y la labor de formación

La persona humana es un misterio. Poco a poco la antropología y la psicología nos van revelando aspectos antes poco desarrollados. Desde la antigüedad clásica se habla del temperamento (Hipócrates) y del carácter (Aeschylo, Píndaro, Platón, Aristóteles) como de dos elementos claves de la personalidad humana. Se ha estudiado mucho la ciencia del carácter (la virtud) en la filosofía cristiana, pero la ciencia del temperamento es bastante reciente (se desarrolló en ambientes católicos al principio del siglo XX).

La ciencia del temperamento como la del carácter aporta unas coordenadas para el propio conocimiento y para el crecimiento personal sin agotar nunca la riqueza, el valor y el misterio de la imagen de Dios en cada persona. En la tarea de la dirección espiritual lo importante es ver esos rasgos (tanto de temperamento como de carácter) como parte de los talentos que posee cada uno y orientar a la persona sobre el modo mejor de hacerlos fructificar.

En este guion se presentan sucintamente los tipos de temperamentos a partir de la distinción clásica entre colérico, melancólico, sanguíneo y flemático. Además, se ofrecen de modo esquemático algunas ideas para ayudar en la formación de virtudes según esos tipos de temperamentos.

1. TEMPERAMENTO Y CARÁCTER

El temperamento es una predisposición natural e innata a reaccionar de una determinada manera. Es un don de la naturaleza y, en último término, de Dios. Podemos ser coléricos o melancólicos, sanguíneos o flemáticos. El temperamento, en cuanto tal, no se puede cambiar; querer cambiarlo podría implicar cierto desorden. Moriremos con las cualidades y los defectos de nuestro temperamento que, sin embargo, cabe integrar, aprovechar y guiar.

Los cuatro temperamentos se definen de la siguiente manera:

  • El colérico se distingue por su reactividad inmediata, enérgica y duradera.
  • El melancólico se distingue por su reactividad retardada, profunda y duradera.
  • El sanguíneo se distingue por su reactividad inmediata, espontánea y efímera.
  • El flemático se distingue por su reactividad retardada, medida y efímera.
  • El colérico es enérgico: está orientado a la Acción.
  • El melancólico es profundo: gira en torno a la Idea.
  • El sanguíneo es espontáneo: vive de su relación con las Personas.
  • El flemático es comedido: busca por encima de todo la Paz.

Nuestro temperamento nos inclina en una dirección o en otra: el colérico está inclinado a hacer muchas cosas, pero le cuesta preocuparse por las personas; el melancólico está inclinado a contemplar bellas ideas, pero le cuesta ponerlas en práctica; el sanguíneo está inclinado a compartir sus sentimientos con los demás, pero le cuesta poner la última piedra a sus proyectos; el flemático tiende a analizar procesos, pero se le hace difícil soñar grandes cosas.

La virtud compensa los defectos de nuestro temperamento: el colérico que practica la humildad se preocupa de las personas; el melancólico que practica la audacia se pone en acción; el sanguíneo que practica la resistencia termina sus proyectos; el flemático que se hace magnánimo sueña a lo grande. Cada uno escala la cima de la excelencia por un camino y una pendiente que le son propios, pero es el temperamento el que le indica ese itinerario.

Es importante discernir, en cada uno y en los demás, qué depende de lo fisiológico y qué depende de lo espiritual. La energía fisiológica no es la fortaleza, pero la favorece; la apatía fisiológica no es la pereza, pero la favorece. Así, hay dos extremos que deben evitarse: uno consiste en negar la realidad del carácter, otro, en negar la realidad del temperamento. El primer error es el «determinismo», el segundo, el «voluntarismo».

Los deterministas niegan el espíritu, el carácter, la virtud y la acción de la gracia de Dios: así, interpretan las acciones humanas desde el punto de vista exclusivo de la biología y la genética. Al justificar sus bajas acciones por la peculiaridad de su temperamento, los deterministas están negando, de hecho, su libertad, su responsabilidad, su dignidad. Y la de los demás.

Los voluntaristas niegan el temperamento. Interpretan las acciones humanas exclusivamente desde el punto de vista de la voluntad (de la libertad). Conciben las tendencias fisiológicas como defectos espirituales. En la acción incansable del colérico no ven más que orgullo; en el ensimismamiento creativo del melancólico, egoísmo; en la alegría de vivir del sanguíneo creen ver falta de dominio de sí, y el flemático no es, a su juicio, más que un perezoso y un holgazán.

Los voluntaristas aman la uniformidad espiritual, y no toleran fácilmente la multiplicidad de comportamientos. Solo tienen un modelo de excelencia en la cabeza: el modelo forjado por su propio temperamento. Con frecuencia acusan a los que hablan de diversos temperamentos de «categorizar» a las personas, de «encasillarlas», cuando ellos mismos ya han metido a toda la humanidad en una sola casilla: la de su temperamento, que en realidad es una prisión espiritual para los que tienen un temperamento diferente.

Un buen director espiritual tendrá que superar el obstáculo del voluntarismo.

Una persona que ejerce la dirección espiritual tendrá que tener un mínimo de conocimiento del temperamento de la persona que habla con él y de las inclinaciones fisiológicas de la cuales vamos a hablar. Sino, fácilmente llegará a conclusiones erróneas: como hemos dicho tendrá tendencia a ver orgullo en el colérico, egoísmo en el melancólico, falta de dominio de sí en el sanguíneo, y pereza en el flemático. Con esta visión de las cosas no podrá ayudar mucho a su hermano. Al contrario, podrá hacerle daño.

2. LOS DESAFIOS DE CADA TEMPERAMENTO

En este apartado se repasan a grandes rasgos cuáles suelen ser los puntos fuertes y débiles de distintos tipos de temperamentos y cómo se puede ayudar en cada caso a desarrollar algunas virtudes fundamentales.

a) El colérico

El colérico es enérgico: está orientado a la ACCIÓN.

Estos son sus puntos fuertes:

  • Energía, entusiasmo, decisión.
  • Tiene confianza en sí mismo: es consciente de sus talentos.
  • Es un emprendedor nato: empieza numerosos proyectos.
  • Es un gestor por naturaleza: hace avanzar las cosas rápidamente.
  • Le gusta el poder, se realiza en la competición.
Sus puntos débiles:
  • Está inclinado al orgullo y a la ira.
  • No dedica un tiempo a pensar antes de decidir.
  • Está inclinado a un activismo ciego.
  • Tiende a la confrontación y a la dictadura.
  • No reconoce fácilmente sus errores.
  • En la dirección de personas, le cuesta respetar los sentimientos de los otros, hacerles crecer y responsabilizarse, servirles.

Prudencia

El colérico no tiene dificultad en tomar decisiones.

En el proceso de deliberación, el colérico debe practicar el dominio de sí (debe moderar su impaciencia natural) y la humildad (debe aprender a pedir consejo de forma habitual). Sin embargo, prestar mayor atención a la deliberación no debe obstaculizar su capacidad natural de decisión. El objetivo de la prudencia no es deliberar, sino decidir. No deliberar es malo, pero no decidir es todavía peor: es un acto fundamentalmente imprudente.

Fortaleza

El colérico no tiene especiales dificultades para vivir la fortaleza (la audacia y la resistencia).

Dominio de sí

Para el colérico el dominio de sí consiste fundamentalmente en practicar la humildad y dulzura:
  1. La humildad: debe comprender que su fuerza fisiológica no es resultado de un esfuerzo personal, sino un don.
  2. La dulzura: debe aprender a controlar su lengua y a no interpretar la opinión del otro (si es contraria a la suya) como una declaración de guerra.

Justicia

Como el colérico está orientado a la acción, participa con facilidad en el desarrollo del bien común; sin embargo, con una condición: debe saber cuál es y decidirse a fomentarlo.

La comunión interpersonal, en cambio, constituye un verdadero desafío para el colérico. Tiene tendencia a ser conflictivo y dictatorial, a despreciar a los que son menos enérgicos que él. Precisa humildad para escuchar a las personas y comprenderlas, para no humillarlas, no herir sus sentimientos, no violar su dignidad y su libertad en nombre de una «causa sagrada» o de un «objetivo que ha de lograrse a toda costa».

Magnanimidad

El colérico tiene tendencia a fijarse objetivos elevados y a conseguirlos.
Pero también tiene tendencia a un cierto activismo ciego. Necesita reforzar el lado contemplativo de su personalidad: su acción debe constituir una prolongación de su ser, el resultado de la contemplación de su dignidad y de su grandeza. Son muchos los coléricos que actúan por el placer de actuar, para alcanzar algunos objetivos o para colmar el vacío de su vida interior. Para el magnánimo la acción es fruto del conocimiento propio, nunca degenera en activismo.

Humildad

El colérico tiene conciencia de su talento. Lo anterior es un aspecto importante de la humildad, que es la virtud de los que viven en la verdad de sí mismos.

Pero el colérico encuentra dificultades en vivir el resto de los aspectos de la humildad, en particular el servicio a los demás. Empuja antes que arrastrar, ordena antes que inspirar, controla antes que enseñar. Ejerce el poder antes que dar a los que dirige la posibilidad de asumir responsabilidades y de cumplirlas. No es amigo de delegar, porque está convencido de que hace las cosas mejor y más rápido que los demás, y porque goza con la acción. El colérico tiene sobre todo necesidad de humildad fraterna. La humildad fraterna es su desafío personal.

b) El melancólico

El melancólico es profundo: gira en torno a la IDEA.

Estos son sus puntos fuertes:

  • Está inclinado a la contemplación.
  • Busca la perfección en todo.
  • Es independiente.
  • Es paciente y resistente.
Sus puntos débiles:
  • Tiene tendencia a dejarse absorber por sus pensamientos y sentimientos.
  • Teme la acción, en la que irremediablemente se manifiesta la imperfección debida a la limitación humana.
  • Teme la incertidumbre, no le gusta asumir riesgos.
  • Está inclinado al pesimismo.
  • Se inquieta por cosas sin importancia.
  • Trabaja mal en equipo, le gusta hacer las cosas a su manera.
  • Fácilmente se siente ofendido, tiene tendencia a criticar a otros.

Prudencia

El melancólico es profundo. Pero tiene tendencia al pesimismo: exagera las dificultades. En el proceso de deliberación necesita realismo, optimismo.

Y en el proceso de toma de decisión, precisa audacia. Le gusta la «idea», que siempre es perfecta en su corazón y sobre el papel, pero teme la acción, en la que irremediablemente se manifiestan las imperfecciones humanas. El melancólico debe vencer su miedo a lo desconocido, debe habituarse a asumir riesgos.

Fortaleza

El melancólico practica fácilmente la resistencia, porque es profundo y sabe descubrir el sentido del sufrimiento.

Pero tiene necesidad de audacia. Prefiere el análisis a la acción. Es muy precavido, le entran sudores fríos ante lo desconocido. El melancólico tiene sobre todo necesidad de audacia. La audacia es su desafío personal.

Dominio de sí

El melancólico se deja estimular fácilmente por pasiones nobles.

Pero debe aprender a dominar ciertas pasiones interiores, como el pesimismo (la tendencia a ver solo el lado negativo de la realidad), la tristeza (es de un humor muy voluble), la ansiedad (se inquieta por cosas sin importancia), el espíritu crítico (critica fácilmente a los demás y sus proyectos), la susceptibilidad (le cuesta olvidar las ofensas sufridas). El pesimismo y la ansiedad pueden vencerse por medio del realismo: «¡En realidad, las cosas no van tan mal!... ¡El 90% de los problemas que me hacen sentir mal solo existen en mi imaginación!». El espíritu crítico y la susceptibilidad solo pueden vencerse mediante el amor. La cierta tristeza del ánimo melancólico probablemente lo acompañará durante toda su vida. Sin embargo, no constituye un problema importante, siempre que no ceda a la desesperación y que no deje de tener sentido del humor.

Justicia

El melancólico quiere contribuir al bien común (es un idealista). Pero no podrá realizar su sueño si no es desarrollando la audacia que lleva dentro.

La comunión interpersonal constituye un reto para el melancólico. Está tan absorto en sus pensamientos, sentimientos y emociones, que olvida fácilmente a los demás. Tiene tendencia a guardar rencores durante largo tiempo, y a criticar a sus colegas (aunque solo sea internamente). Debe aprender a trabajar en equipo (le encanta hacer las cosas a su manera).

Magnanimidad

El melancólico es fácilmente magnánimo desde el punto de vista de la contemplación: sabe soñar y tiene facilidad para fijarse objetivos nobles y elevados.

Pero, desde el punto de vista de la acción, tiene tendencia a la pusilanimidad. Debe aprender a ser audaz para vencer su pesimismo y su temor al futuro.

Humildad 

El melancólico posee habitualmente un buen nivel de conocimiento de sí. Tiene conciencia de su talento y se alegra al pensar que no es suyo, sino un don de Dios.

Sin embargo, le resulta difícil servir: está absorto en sí mismo. Si lucha por vivir las virtudes de la comunión interpersonal (empatía, amistad, alegría), vencerá ese ensimismamiento. Solo entonces sacará el mejor partido de sus talentos.

c) El sanguíneo

El sanguíneo es espontáneo: vive de su relación con las PERSONAS.

Estos son sus puntos fuertes:

  • Ama a las personas, quiere hacerlas felices.
  • Es amistoso, compasivo, comunicativo.
  • Es emprendedor, le encanta la aventura.
  • Sus sentidos externos están siempre despiertos: repara en todos los detalles.
Sus puntos débiles:
  • Controla mal sus sentidos externos (el oído, la vista, el olfato, el gusto, el tacto).
  • La diversión se puede convertir en un aspecto principal o casi exclusivo de su motivación.
  • Tiende a la superficialidad y a la inestabilidad.
  • Se siente atraído por todo lo nuevo.
  • Quiere complacer, y que todo el mundo le quiera.

Prudencia

Al sanguíneo le gusta tomar decisiones, porque le encanta la aventura. Pero, en el proceso de deliberación, debe esforzarse por vencer la superficialidad, que le amenaza permanentemente («¡Créeme, esto va a funcionar!», afirma sin pensar seriamente lo que dice). El sanguíneo debe tomar la realidad tal como es.

Fortaleza

Con frecuencia el sanguíneo es audaz: se aburre si no hay novedades, intrigas, aventuras, diversiones.
Pero también es inconstante en sus sentimientos, en sus pensamientos, en su trabajo. Su entusiasmo le lleva a ir cada vez tras algo nuevo. El sanguíneo debe ejercitarse en la resistencia, la estabilidad, la fidelidad y la paciencia. Debe esforzarse por poner la última piedra en cada uno de sus proyectos. El sanguíneo tiene necesidad sobre todo de resistencia. La resistencia es su desafío personal.

Dominio de sí

Si el colérico y el melancólico deben mortificar sus sentidos internos, el sanguíneo, por su parte, debe aprender a controlar sus sentidos externos. Le encanta vivir de sensaciones. El sanguíneo debe esforzarse por mortificar especialmente la vista: le atrae, como la urraca, todo lo que brilla. Le gusta la vida lujosa, la ropa elegante y los coches deportivos. Si el colérico vive en el futuro y el melancólico en el pasado, el sanguíneo se encuentra a sus anchas en el presente.

Justicia

El sanguíneo es naturalmente sociable y abierto. Vive fácilmente las virtudes relacionadas con la comunión interpersonal.

Pero, para construir el bien común, debe vencer su inestabilidad. Ha de practicar las virtudes de la resistencia y la fidelidad.

Magnanimidad

Para ser magnánimo, el sanguíneo debe vencer su superficialidad y su inestabilidad.

Humildad

El sanguíneo está pronto a servir, pero, para servir verdadera y eficazmente, debe esforzarse por practicar la resistencia, la estabilidad y la fidelidad.

d) El flemático

El flemático es comedido: busca sobre todo la PAZ.

Estos son sus puntos fuertes:

  • Su forma de abordar la realidad es desapasionada y científica.
  • Sabe escuchar, es empático.
  • Tiene un profundo sentido del deber y un buen espíritu de colaboración.
  • Tiene una voluntad de hierro, casi siempre oculta; es constante y perseverante.
  • Es difícil hacerle perder la calma.
Sus puntos débiles:
  • Nada en el sentido de la corriente: le gusta el statu quo.
  • Evita los conflictos a cualquier precio.
  • Tiene miedo a equivocarse.
  • Fácilmente se siente superado.

Prudencia

El flemático está lleno de buen juicio, lo que le permite pensar con eficacia.

Pero le cuesta decidirse. El pensamiento de que puede equivocarse le atenaza. Debe practicar la audacia, porque la esencia de la virtud de la prudencia no es la deliberación, sino la decisión. La prudencia no es inacción cautelosa, sino acción inteligente.

Fortaleza

La resistencia no constituye ningún reto para el flemático: tiene una voluntad de hierro (no exteriorizada), es paciente en situaciones difíciles, es constante y perseverante.

Pero la fortaleza no equivale sin más a resistencia, también es audacia. Y le cuesta la audacia, porque se siente cómodo con la rutina y el statu quo, y tiembla ante la idea de que pueda equivocarse.

Dominio de sí

El flemático controla fácilmente sus pasiones, porque su intensidad es limitada.

Debe, sin embargo, estimular sus pasiones nobles y superar su miedo a situaciones conflictivas. Debe amar la paz (no le cuesta trabajo), pero también estar dispuesto a sacrificarla por un valor más elevado.

Justicia

El flemático es fácil que sea justo porque tiene un sentido profundo del deber.

Pero, para construir el bien común, debe aprender a vencer su apatía.

Magnanimidad

La magnanimidad constituye un verdadero reto para el flemático: debe aprender a soñar, a desarrollar un sentido de su propia dignidad, a descubrir y afirmar sus talentos. Debe desarrollar su capacidad de acción tanto como la de contemplación. El flemático tiene sobre todo necesidad de magnanimidad, este es su desafío.

Humildad 

Al flemático le gusta prestar servicios.

Pero debe aprender a descubrir sus talentos y a hacerlos rendir para poder servir eficazmente.

MEZCLAS DE TEMPERAMENTO Y TESTS DE TEMPERAMENTO

Los temperamentos no se suelen dar “en estado puro”, pues habitualmente una persona puede tener una mezcla de dos en la que uno es el dominante y otro el secundario.

De esta manera, el temperamento secundario puede ayudar a compensar ciertos defectos del temperamento primario. Por ejemplo, una persona con temperamento primario colérico que tenga un temperamento secundario melancólico estará más predispuesta a practicar la deliberación (prudencia), que una persona que sea 100% colérica. De modo similar, una persona predominantemente melancólica, pero que como rasgo secundario sea colérica, tendrá más facilidad para tomar decisiones (prudencia) que si fuera 100% melancólica.

El temperamento secundario puede ayudar a enfrentar el desafío personal de virtudes. Por ejemplo, para un Sanguíneo/Flemático o Sanguíneo/Colérico será más fácil practicar la Resistencia que si fuera 100% Sanguíneo. Si se es Flemático/Sanguíneo o Flemático/Melancólico, será más fácil practicar la magnanimidad que si se es 100% Flemático. Para un Melancólico/Colérico será más fácil practicar la Audacia que una persona simplemente melancólica. El Colérico/Sanguíneo tendrá mayor facilidad para practicar la Humildad que un 100% Colérico.

Los expertos suelen indicar que los temperamentos Colérico/Flemático y Melancólico/Sanguíneo son combinaciones imposibles. Además, en ocasiones parece que una persona posee una mezcla de los cuatro temperamentos básicos; esto, sin embargo, es una impresión errada, aunque probablemente refleja algo positivo: significa que la persona ha desarrollado su carácter, construyendo sobre su temperamento los hábitos de la virtud.

Existen muchos tests de temperamentos tanto en libros como en páginas web. Uno que suele ser acertado es el siguiente: https://www.temperamentquiz.com/.

Al responder a las preguntas de los tests de temperamento, no hay que tener miedo del resultado: recordemos que no se trata del carácter, sino del temperamento. Se trata de nuestra reacción primaria (la reacción fisiológica) a un estímulo externo. Cuanto mejor identifiquemos ese tipo de reacción, más ajustado será el resultado de estos tests.

PREGUNTAS POSIBLES PARA UN INTERCAMBIO DE OPINIONES

1. ¿Cómo se podría ayudar a las personas en la labor de formación a conocer su temperamento y ver con agradecimiento sus potencialidades? ¿Conocer y hablar de su temperamento, no sería una manera de ayudar a la gente a ser más sencillos, dejarse conocer como uno es?

2. ¿Cómo se podría explicar que lo anterior no implica una visión determinística de la persona y que lo importante es forjar el carácter? ¿Cómo ayudar a enfrentar alguna tendencia negativa del temperamento, de una manera animante, planteando metas asequibles?

3. Se ha utilizado mucho la palabra “carácter” para hablar del temperamento en el pasado. Por ejemplo, muchos dicen “tiene carácter fuerte” cuando hablan de rasgos fisiológicos (y no de virtudes morales). ¿Valdría la pena diferenciar mejor las dos cosas en el hablar y el escribir?

4. ¿Podríamos intentar descubrir cuáles eran los temperamentos de algunos personajes bíblicos (como Moisés o David) o santos del Nuevo Testamento como san Pablo, san Pedro, san Juan, etc.? ¿También de santos más cercanos a nosotros como san Josemaría o el beato Álvaro? ¿De qué manera formaron su carácter?

BIBLIOGRAFÍA

– Alexandre Havard, Del temperamento al carácter, EUNSA (2018). Existe en 10 lenguas;
– Art Bennett y Laraine Bennett, The Temperament God Gave You, Sophia Institute Press (2005).

Alexandre Havard
Julio de 2020

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